¿Cambio de ciclo?
El relevo presidencial que se producirá en la Argentina ha desatado un revuelo de plumas que vaticinan un giro profundo -o muy profundo - de la orientación política subcontinental. El pronóstico se basa en la prolongada conmoción económica y política de Venezuela; en las crepitaciones de...
El relevo presidencial que se producirá en la Argentina ha desatado un revuelo de plumas que vaticinan un giro profundo -o muy profundo - de la orientación política subcontinental. El pronóstico se basa en la prolongada conmoción económica y política de Venezuela; en las crepitaciones de la línea inaugurada en Brasil con los dos períodos de Lula y el actual de Roussef, la salida de los Kirchner; el desistimiento de continuar buscando nuevas reelecciones por parte de Correa en Ecuador y la incógnita que trae el referendo constitucional en Bolivia. Así, los Gobiernos que dieron fisonomía a un nuevo intento de achicar la influencia norteamericana en el continente y dar un sesgo más o menos nacionalista, desarrollista y redistributivo a sus políticas económicas, van cayendo, uno a uno, y despejando el paso a sus competidores. Las dos principales causas comunes con que se trata de explicar esta transición son el final del período de altos precios de las materias primas y el vórtice de corrupción observado en los últimos años. Existen otras más que no necesariamente abarcan a todos, tales como la propensión a perseguir judicialmente a sus críticos y oponentes, un obsceno engolosinamiento con el poder y tendencia a ultraconcentrarlo, marcadas tendencias represivas, prorroguismo flagrante, choques frontales con empresas propietarias de medios masivos de difusión y periodistas, etcétera, etcétera.Estas imágenes suelen asociarse a lo que ocurrió desde los años 50 del siglo anterior, cuando se precipitó la caída de “gobiernos populistas” (la calificación más común y probablemente la más engañosa, por lo que prefiero caracterizarlos de nacional-populares) y el entronizamiento de dictaduras militares. Una gran diferencia con ese pasado es que, exceptuando a Honduras y Paraguay, donde los presidentes fueron derrocados mediante un golpe, en ninguna otra situación se manifiesta señal alguna de regreso de protagonismo militar. Más aún, algunos de estos gobiernos, Venezuela a la cabeza, han realizado enormes inversiones para poner de su lado a los aparatos militares de sus países.¿Bastan estos antecedentes, los más actuales y los más remotos, para suponer que un “cambio de ciclo” desemboque en resultados parecidos a los que conocimos en el pasado? Para empezar a responder, después de las asonadas que terminaron con los gobiernos de Honduras y Paraguay (más primos que hermanos de los otros), sólo en Argentina las urnas han abierto el camino a las tendencias más opuestas; las situaciones de Brasil, Bolivia y Ecuador no pueden asimilarse automática y en línea recta a lo ocurrido con nuestro vecino más austral. Venezuela configura un caso completamente sui generis, por la profundidad de la crisis y la participación militar en el Gobierno. En Bolivia, inclusive si se impone el No, cual es la tendencia que predomina hoy entre los votantes, el destino de las elecciones de 2019 está muy lejos de definirse (lo mismo si gana el Sí).El relevo de Cristina Fernández ciertamente tendrá consecuencias en la integración comercial del Mercosur, por ejemplo, y afectará al Gobierno boliviano al quitarle piso al discurso ilusionista de que podríamos ser una “potencia energética” (que siempre fue una frase de propaganda y no otra cosa), pero eso no equivale a que la nueva situación llegue a ser ni remotamente uniforme o que vayamos a retroceder al siglo anterior.Para empezar, no se reconstruirá el predominio norteamericano en nuestro continente, ni las sociedades otorgarán carta blanca que concedieron a los regímenes del ajuste estructural, ni renunciarán a los derechos reconocidos en los últimos años. De modo que si quienes tienen posibilidades de ganar en siguientes elecciones a las nuevas élites y burguesías pretenden recuperar sus hábitos y esquemas previos, terminarán creando las condiciones de crisis estatales, en términos breves y ritmos muy rápidos. El “nuevo ciclo” en incubación no se parecerá a los conocidos y, además de penalizar a los progresistas, que hicieron parecido o peor uso de los recursos del poder que sus antecesores, abrirá paso a nuevos y desconcertantes retos.*es investigador y director del Instituto Alternativo.


