Bolivia, hace podio continental en tragedias viales
Incluso, de cuando en cuando, algunos se animan a realizar cierto tipo de acrobacias en motocicletas. Es como si se calentasen para ingresar en la que ya es la virtual pista oficial, la plazuela Sucre, ubicada a escasos 200 metros.En las previas realizan adelantamientos veloces por la derecha,...
Incluso, de cuando en cuando, algunos se animan a realizar cierto tipo de acrobacias en motocicletas. Es como si se calentasen para ingresar en la que ya es la virtual pista oficial, la plazuela Sucre, ubicada a escasos 200 metros.En las previas realizan adelantamientos veloces por la derecha, malabarismos con el casco en el codo, pirámides familiares sobre dos ruedas, etc.En las “divisiones mayores” destacan no pocos representantes del transporte público. Ellos ya juegan en la avenida Paz, las vías a San Jacinto o Tomatitas, o en las carreteras interdepartamentales. Ahí, en determinadas horas la idea es acumular pasajeros, subir el volumen de la música y acelerar para volver pronto por otra carga de gente. Y claro, no faltan los acomplejados que pululan por esas rutas pugnando por hacer lucir sus escapes abiertos y la pinta de sus cacharritos. En todos los casos, de cuando en cuando, no falta el alcohol, o un fenómeno parecido, como el uso del celular al volante. Según el humor, unos bromean y ríen hechos a los muy vivos y otros ponen cara de agente secreto o cóndor de Sanandita. Hay quienes juran que son la perfección, el dominio del volante en persona y otros asumen la pose de “odio al mundo y qué”. En suma, las perfectas expresiones de la imbecilidad que abruptamente pueden cambian por las de la tragedia y el dolor. Cosas y actitudes parecidas pasan en diversas avenidas cruceñas, en la autopista La Paz – El Alto, en las dobles vías, etc. También en las plazas centrales de ciudades pequeñas como Trinidad, Puerto Suárez o Cobija. Pasan prácticamente todo el país. Al parecer de poco han servido las iniciativas ediles, la mejor dotación de equipos policiales y las campañas de concienciación.Esta semana ese grandísimo esfuerzo nacional por lucir la irresponsabilidad y la estupidez sobre ruedas tuvo su correspondiente reconocimiento: una virtual medalla de bronce latinoamericana. Bolivia es el tercer país de la región con más muertes en hechos de tránsito. Las cifras fueron brindadas el miércoles por la Organización Mundial de la Salud durante la II Conferencia Global sobre Seguridad Vial realizada en Brasilia.En América Latina, la tasa se sitúa en 15,9, pero en siete países supera las 20 muertes por cada 100.000 habitantes: República Dominicana (29,3), Brasil (23,4), Bolivia (23,2), El Salvador (21,1), Paraguay (20,7) y Ecuador (20,1). En el caso de Brasil, ese índice supone que unas 42.000 personas mueren cada año en el tránsito, lo cual abarca víctimas en automóviles, motocicletas y bicicletas, así como peatones atropellados.En Bolivia los reportes realizados hasta 2014 señalaban que cerca de 1.900 personas murieron ese año en más de 36.000 accidentes. Otras 17.848 resultaron con lesiones, heridas, mutilaciones, desfiguraciones, etc. En el caso brasileño, la intención de reducir el índice de tragedias se ha convertido en una virtual política de Estado. Se ha llegado hasta tasas de un 20 por ciento de descenso entre año y año. Antes ya sucedió cosa parecida con Ecuador que era el país con más alto índice de fatalidades en el continente. Es decir, si las cosas siguen así, es posible que en la próxima medición latinoamericana, Bolivia ocupe el primer lugar en ese vergonzoso podio.Pero en el fondo, lo urgente es valorar la dimensión del dolor y la tragedia que este tipo de patologías sociales generan. ¿Cómo hacerle entender a cada conductor lo que sienten aquellas personas sorprendidas al saber que un ser amado ya no volverá? ¿Cómo hacerles tomar consciencia de lo que significa una discapacidad causada por un descuido o bravata de quién manejaba un motorizado? ¿El Estado boliviano comprende lo que implica que cada día mueran 5 personas por hechos de tránsito? Es una cifra que supera a las mayores tragedias naturales, confrontaciones políticas y pandemias que haya vivido el país.


