Entre lo que se dice y lo que se tiene que hacer
Frente a tanta pobreza y necesidades insatisfechas, hasta los derechistas son de izquierda y los izquierdistas de derecha. No debe sorprendernos, por ejemplo, un Tuto Quiroga que en algún momento quiso sonar como conservador republicano (a la Estados Unidos) y que no puede más que ceder a su...
Frente a tanta pobreza y necesidades insatisfechas, hasta los derechistas son de izquierda y los izquierdistas de derecha. No debe sorprendernos, por ejemplo, un Tuto Quiroga que en algún momento quiso sonar como conservador republicano (a la Estados Unidos) y que no puede más que ceder a su corazón de boliviano para aceptar realidades que no condicen con el frío mecanismo del mercado. O el izquierdista gobierno del MAS, que ahora clama por las inversiones externas porque la prospección, la exploración y la explotación de los recursos hidrocarburíferos requieren más dinero que el que tiene YPFB, el BCB y todos los gobiernos subnacionales juntos. Y no sólo se trata de dinero, sino también de tecnología que no se la crea de la noche a la mañana y menos gracias a la beatitud de llamarse socialista. No es que al mundo le guste ser inconsecuente. Es posible que alguno sea un tránsfuga porque ha visto el negocio al serlo, pero, con seguridad, son contados los tránsfugas profesionales. Las circunstancias de la vida, lo cotidiano y el pasar de la vida hacen que las cosas se vean con creciente desapasionamiento. Así las posiciones radicales, dogmáticas, ideológicas, teóricas, incluso posturas religiosas de cualquier secta o creencia -bien o mal fundada- se relativizan. No hay verdades eternas que funcionen para toda la vida porque esta vida cambia, se transforma y nos transforma. Por la razón que sea, este Gobierno ha llegado a constatar que las reservas de gas que posee Bolivia deben ser aumentadas a pasos acelerados y con urgencia. Que esto significa volver a conceder a las empresas petroleras transnacionales los capitales que estuvieron llegando a manos llenas al Estado, ni modo. Que esto trae consigo una seria restricción de las apetitosas participaciones de los gobiernos subnacionales y de las universidades, qué se le va a hacer. Si Bolivia quiere generar más recursos para oficialistas y no oficialistas, o sea, para todos los bolivianos, es momento de charlar amigablemente, tal y como si no existiese la lucha de clases, ni facciones ni colores ni sabores. En la actual perspectiva, Bolivia ya no exportará gas como materia prima, exportará energía eléctrica como producto manufacturado. Como dicen los economistas y lo repite todo el mundo, exportará con valor agregado. Esta es la perspectiva que se inició cuando se habló hace más de cuatro décadas que se debía crear la infraestructura para exportar gas y que ahora toma la forma de transformarse en exportación de energía eléctrica.No es ya la preocupación de ampliar los contratos de venta de gas, es la oportunidad de vender electricidad a los mismos países compradores de gas. Valor agregado quiere decir trabajo boliviano incorporado en la producción de energía eléctrica. Quiere decir más empleos, más salarios y expansión del mercado interno. Quiere decir mayores posibilidades de desarrollo económico y social, esto es desarrollo humano. Para esto es necesario ponerse de acuerdo entre oficialistas y los otros. Entre los que ocupan las jerarquías del Poder Ejecutivo y aquellos que se oponen por oponerse. Difícil, sin duda, pero es tiempo de decir menos y hacer más.*es economista.


