El valor de la disculpa
“Me disculpo humilde y sinceramente. No fue mi intención ofender a nadie”, señala parte de una declaración del Mandatario y publicado en la página web del Ministerio de Comunicación.“Decir, preguntar o pensar si alguien es lesbiana o gay no es insulto ni ofensa. Yo y el gobierno no...
“Me disculpo humilde y sinceramente. No fue mi intención ofender a nadie”, señala parte de una declaración del Mandatario y publicado en la página web del Ministerio de Comunicación.“Decir, preguntar o pensar si alguien es lesbiana o gay no es insulto ni ofensa. Yo y el gobierno no tenemos nada en contra de las opciones sexuales de nadie. Respetamos la diversidad y así lo decimos en nuestra CPE (Constitución Política del Estado)”, afirma.El pasado día lunes y en el acto de entrega de las ambulancias, Morales se mostró molesto porque Campero al parecer por conversar con otra mujer no prestaba atención al discurso que pronunciaba. “Beni es grande geográficamente, hay que planificar. Ministra de Salud, ahí enamorando, no quiero pensar que es lesbiana. Mire compañera ministra, perdone, a ver, escuche”, dijo –citado por el diario La Razón– Morales a Campero, de 29 años de edad.Mediante un comunicado público, la Red de Mujeres Lesbianas condenó esas declaraciones y exigió a Morales una disculpa pública por el “alto tono lesbofóbico” de las palabras con las que se dirigió a la ministra Campero. “Y si la Ministra fuese lesbiana, ¿cuál sería el problema? Se está juzgando su desempeño laboral con su presunta orientación sexual, usted (Morales) sigue fomentando los estereotipos”, asegura parte del comunicado de esa red.Ahora bien, es cierto que las palabras con las que el Jefe de Estado se dirigió a la ministra Campero –quien al parecer no prestaba atención debida al discurso que pronunciaba sobre los desafíos en materia de salud que se debe encarar en el Beni–, no fueron las correctas e incluso podrían ser interpretadas como discriminadoras.Pero que el presidente Morales haya asumido de manera positiva las duras críticas que desataron sus palabras, es una actitud que lo enaltece como la primera autoridad boliviana que es, ya que es un implícito reconocimiento de que no se había expresado de manera correcta con la ministra Campero y al pedir “humilde y sinceramente” disculpas, sentó las bases para entablar una relación de mutuo respeto con una autoridad encargada de ejecutar las políticas de salud de su gobierno.Es que la disculpa, cuando se lleva el corazón en la mano, de ninguna manera puede ser interpretada como una señal de debilidad que socave nuestra autoridad, sino que es una señal inequívoca de fortaleza, de templanza de carácter. Una disculpa honesta y sincera encierra el potencial de restaurar la dignidad y un instrumento poderoso para reconciliar una relación de trabajo y empezar a restaurar la confianza. Por consiguiente, una disculpa puede proyectar fuerza de carácter, demostrar competencia emotiva y reafirmar que en su relación ambas partes comparten valores con los que desean comprometerse.Es decir, cuando realizamos una acción no adecuada y creemos que podemos haber causado malestar o daño a otras personas, conviene presentar disculpas, aunque saber presentar disculpas es mucho más que una simple frase de cortesía. El pedir disculpas supone un elaborado trabajo personal que afecta tanto a la persona que las presenta como a quien las recibe, y como toda relación presente tiene consecuencias en el futuro, la buena práctica de la disculpa resulta ser un facilitador del diálogo, de la calidad de la relación y de la buena convivencia.En ocasiones cuesta trabajo reconocer la responsabilidad de un error o de una ofensa porque se trata de un ejercicio de valor y nobleza que no siempre está al alcance de cualquiera.Además, disculparse sinceramente es incómodo, pero hay que reconocer que aceptar el error cometido y reparar los eventuales daños causados conduce a mejores relaciones, sin tantas complicaciones, sin discusiones innecesarias ni justificaciones vanas.En ese contexto, son loables las disculpas ofrecidas por el presidente Morales a la ministra Campero, porque reconoció que se equivocó y tuvo la fortaleza para hacer lo correcto a pesar de la incomodidad que ello representaba.


