Barbarie en París
¡Primer piso rápido!”, es el testimonio de Benjamín Cazenoves, quien permanecía retenido en el teatro Le Bataclan la fatídica noche del viernes 13 de noviembre en Paris (Francia), en la que al menos seis ataques terroristas dejaron un balance preliminar de 129 muertos (89 de ellos en el...
¡Primer piso rápido!”, es el testimonio de Benjamín Cazenoves, quien permanecía retenido en el teatro Le Bataclan la fatídica noche del viernes 13 de noviembre en Paris (Francia), en la que al menos seis ataques terroristas dejaron un balance preliminar de 129 muertos (89 de ellos en el teatro) y 352 heridos, de éstos 99 en estado crítico.Según reproduce el diario español La Vanguardia, en ese primer post Cazenoves expresaba su desesperación por lo que estaba viviendo, pero en el siguiente, más resignado, se limitaba a reproducir: “Vivo. Sólo los cortes... Una carnicería... Cadáveres por todas partes”. Los ataques terroristas y la toma de rehenes perpetrados por extremistas yihadistas del Estado Islámico (EI) ocurrieron apenas 10 meses después del asalto terrorista al semanario francés Charlie Hebdo que dejó 12 muertos el 7 de enero pasado, y el asalto al supermercado judío de Puerta de Vincennes –dos días después–, que cobró la vida de cinco personas. En ambos casos los atacantes fueron abatidos por la policía.Los reportes de la prensa internacional dan cuenta que la fatídica noche del viernes pasado todos los temores de los servicios antiterroristas franceses se hicieron realidad. Es que la acción yihadista atrapó en sus sombras a París y la convirtió en un escenario de pesadilla.Al menos, seis ataques extremistas simultáneos y la toma de rehenes en tres horas de pánico colectivo golpearon a la capital francesa. Durante la matanza los terroristas –divididos en tres equipos coordinados– hicieron alusiones a Siria e Irak, países del medio oriente donde los yihadistas actúan y comenten las más atroces violaciones a los derechos humanos.Siete de los terroristas murieron tras hacer estallar los cinturones explosivos que llevaban pegados a su cuerpo y un octavo fue abatido a tiros en la sala Bataclan. La prensa internacional informó que la primera de las células estaba formada por un grupo de tres terroristas destinados a hacer estallar sus explosivos en el estadio de Saint Denis.Las otras dos eran móviles e iban a bordo de dos vehículos y, al igual que sus cómplices en Saint Denis, portaban chalecos explosivos cargados con peróxido de nitrógeno y un botón detonador para controlar la explosión y causar así “el mayor daño posible”, en palabras del fiscal de París, Francois Molins.Durante las últimas semanas, responsables y expertos antiterroristas ya habían advertido sobre potenciales atentados de una envergadura sin precedentes que se estaban preparando contra Francia y que impedirlos sería casi imposible.¿Pero quién financia las acciones terroristas del mal llamado Estado Islámico? Una investigación publicada en 2014 señalaba que tras el asedio de Mosul, la segunda ciudad de Irak, el Estado Islámico se convirtió en la organización terrorista más adinerada del mundo.Allí, los yihadistas se apoderaron de enormes cantidades de dinero en efectivo y lingotes de oro de algunos bancos y en total se hicieron con unos 429 millones de dólares, aunque las autoridades iraquíes estiman que los fondos de financiación del grupo alcanzan ya los 2.000 millones de dólares. No obstante, ese mismo informe señala a algunos países del golfo pérsico también habrían suministrado apoyo al grupo terrorista para derrocar al presidente sirio Bashar al Assad. A esto se suma el hecho de que el Estado Islámico gana cerca de un millón de dólares diarios por la venta de crudo procedente de pozos petroleros bajo su control.Ahora bien, el mal llamado Estado Islámico ni es Estado ni es islámico, pues nada comparte con los más de 1.500 millones de musulmanes que existen en todo el mundo, y si hoy las víctimas de su fanatismo religioso son franceses, la gran mayoría de ellas han sido y son los propios musulmanes, también víctimas, por otro lado, de las acciones imperiales de los países occidentales.En ese contexto, quienes pretenden criminalizar a un grupo social por el simple hecho de compartir origen geográfico, fenotipos raciales o supuesto fundamento cultural común, caen en la misma ceguera y en el mismo esquema de confrontación de aquellos que alentaron el surgimiento yihadista e incluso los armaron. ¿No les parece?


