Terrorismo contra terrorismo
Pues bien vayamos a ese singular campo benefactor, revisemos registros de Naciones Unidas y del Ministerio de Asuntos Exteriores Noruego, coincidentes con otras organizaciones.Una breve revisión establece que hasta principios del siglo XX cerca del 10 por ciento de las víctimas directas de las...
Pues bien vayamos a ese singular campo benefactor, revisemos registros de Naciones Unidas y del Ministerio de Asuntos Exteriores Noruego, coincidentes con otras organizaciones.Una breve revisión establece que hasta principios del siglo XX cerca del 10 por ciento de las víctimas directas de las guerras eran civiles. La Segunda Guerra Mundial subió el promedio, entonces y más del 50 por ciento de las bajas directas de la conflagración resultaron ciudadanos inocentes. Para ello, hubo momentos inaugurales como los bombardeos estadounidenses sobre ciudades alemanas de retaguardia y momentos “cumbres” como el ataque nuclear contra Hiroshima.Las cosas no se detuvieron ahí. Cuando advino la Guerra Fría, considerada por algunos la Tercera Guerra Mundial, los muertos civiles en llegaron al 73 por ciento del total. Y, para mal de males, a partir de la Guerra Contra el Terrorismo desatada en 2001, los muertos civiles en las confrontaciones bordean el 90 por ciento.Esa realidad, se la puede constatar hasta en los conflictos violentos que experimentó Bolivia a comienzos de este siglo. De los 90 muertos en las guerras del Impuestazo y del Gas, 17 fueron policías y militares, el resto civiles, varios de ellos niños. Sobra recordar que francotiradores y artilleros se cebaron con vecinos y manifestantes desarmados.Unicef ha establecido que cada año las guerras contra el Terrorismo y contra las drogas causan en el planeta 740 mil muertes. Eso no parece ser lo más grave porque el informe cita que de ese total, 250 mil de los fallecidos son niños, niñas o adolescentes. Valga recuperar estas cifras propias de la peor barbarie de la historia a propósito de lo sucedido este viernes en París. El ataque del aún intraducible Ejército Islámico truncó 129 vidas, la mayoría eran jovenzuelos que habían asistido a un concierto de Rock. Todo apunta a que dos semanas antes la misma organización asesinó a 224 viajeros, en su mayoría turistas rusos, explosionando un avión sobre Egipto.Obviamente, la criminalidad de estos psicópatas es semejante a la de quienes pilotean o han politeado cazabombareros o drones sobre Irak, Afganistán, Siria, etc. Cientos de miles de muertes pesan sobre sus consciencias y las de sus superiores.No es una guerra “contra el terrorismo”, es una guerra de terroristas contra terroristas que no sólo destroza cuerpos y sociedades. Una guerra que pareciere construida en mentes y cuerpos con alto y paciente cálculo. Una guerra adaptada a generaciones de jovenzuelos contaminados de la más cruda violencia. Combinaciones de videojuegos, cine, música y prácticas de artes marciales o militares cada vez más letales son la “escuela” de millones desde hace décadas. El resto es simplemente amoldar esa mentalidad a un dogma musulmán, cristiano, patriotero, revolucionario, o la cruda militancia en grupos delictivos, etc. Y es una guerra en la que resulta difícil descifrar en el fondo quiénes son los que mueven los hilos y qué objetivos finales buscan. Lo cierto que en esta inacabable confrontación de terroristas contra terroristas, plagada de eufemismos, poses públicas y engaños de los poderosos vamos perdiendo casi todos. Mientras tanto, una elite global parece celebrar su obra jugando muy rentablemente con acciones, inversiones y posesiones tras cada atentado sorpresivo o bombardeo anunciado. Así la “humanidad” “avanza”.


