El cielo, su techo

Han transcurrido a más de 17 años desde ese histórico día, pero Guarachi, a sus 63 años de vida, asumió el reto de alcanzar en los próximos dos años, cuatro de las siete cumbres más representativas del mundo. La siguiente semana, el legendario escalador boliviano partirá rumbo al...

Han transcurrido a más de 17 años desde ese histórico día, pero Guarachi, a sus 63 años de vida, asumió el reto de alcanzar en los próximos dos años, cuatro de las siete cumbres más representativas del mundo. La siguiente semana, el legendario escalador boliviano partirá rumbo al África, en donde comenzará su nuevo desafío. Las nuevas metas Guarachi son el Kilimanjaro, de 5.895 metros de altura ubicado en Tanzania (África); la Pirámide Casrstensz, de 4.883 metros de altura en Indonesia (Oceanía); el Vinsón, de 5.140 metros de altura en la Antártica (Polo Sur); y el monte Elbrus, de  5.642 de altura ubicado en Rusia (Asia).Las otras tres cimas inalcanzables para el común de los humanos, el monte Everest, de 8.848 metros de altura ubicado en Nepal (Asia meridional); el Aconcagua, de 6.962 metros de altura en Argentina (Suramérica); y el McKinley, de 6.168 metros de altitud localizado en Alaska (Polo Norte) –al que el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, le devolvió su nombre amerindio: Denali (montaña grande) –, ya fueron conquistados por Guarachi.El andinista nació el 4 de diciembre de 1952 en Villa Totorani, municipio de Patacamaya del departamento de La Paz. Cuando contaba con apenas siete años, su madre murió dejando a él y a sus cuatro hermanos al cuidado de su padre, quien encomendó su crianza a unos parientes.Su vida llena de vicisitudes lo llevó a Chile y a su vuelta el destino hizo que conociera al español José Antonio Elorriaga, quien organizaba expediciones al Huayna Potosí y al Sajama y su destino quedó marcado.Desde su primera subida hasta una cumbre andina de Bolivia en 1974, Guarachi ha llegado a la cima del Illimani (6.439 metros de altura) en 192 ocasiones, tres veces al Aconcagua y una de sus últimas conquistas fue la montaña Cho Oyu, de 8.201 metros de altura, la sexta más alta del mundo en el Himalaya, que conquistó junto a su hijo Eliot en 2011.El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary, alpinista neozelandés de 34 años, y el sherpa nepalí Tenzing Norgay, de 39 años, fueron los primeros seres humanos que pisaron la cima más alta del mundo, el monte Everest y descendieron para contarlo. Treinta y un años antes, el primer intento fue protagonizado en 1922 por el alpinista británico George Mallory. Dos años más tarde, Mallory, con 32 años, junto al también escalador inglés, Andrew Irvine de 22 años, perdieron la vida en el tercer intento por conquistar el techo del planeta. Fueron las primeras víctimas mortales.Desde aquel primer intento por llegar a la cima del Everest (en nepalí Sagarmatha (diosa del cielo) y en chino Chomolungma o Qomolangma Feng (madre del universo), lo han ascendido 6.208 personas (3.337 alpinistas extranjeros y 2.871 guías sherpas), y han muerto en el intento al menos 240 personas, 82 de ellos sherpas.En este contexto, es altamente plausible la decisión de Guarachi de iniciar en el Kilimanjaro su último periplo montañés (antes de retirarse en dos años, cuando cumpla 65), que lo llevará hacia otras tres cimas montañosas emblemáticas del planeta.Y como todo alpinista que le tiene un enorme respeto a la montaña, Bernardo se encomienda al creador y le ruega “que me proteja y me permita volver sano y salvo”.“En todos los ascensos que hice, y están registrados como récords, no solo aparece el nombre de Bernardo Guarachi, sino también y sobre todo el de Bolivia, y nuestra bandera está en lo más alto. Lo hago por nuestra patria”, agrega Guarachi, en declaraciones a La Razón.Y si como sostienen los guías bolivianos, la montaña ha sido desde tiempos inmemoriales y para todas las culturas que han existido y se han desarrollado en sus laderas un lugar peligroso donde habitan dioses y demonios y por eso han sido objeto de veneración y culto, esa seducción mística impulsa a hombres como Guarachi a encarar una y otra vez el desafío de alcanzar sus cimas, porque saben que el cielo es su techo.


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