Un “paraíso” llamado Morros Blancos

Indudablemente que, de cuando en cuando, suelen surgir noticias edificantes desde los recintos penitenciarios de cualquier lugar del mundo. Por ejemplo, se ha sabido en alguna oportunidad, que el mejor alumno de la Universidad Mayor de San Andrés era un recluso de la cárcel de San Pedro. En...

Indudablemente que, de cuando en cuando, suelen surgir noticias edificantes desde los recintos penitenciarios de cualquier lugar del mundo. Por ejemplo, se ha sabido en alguna oportunidad, que el mejor alumno de la Universidad Mayor de San Andrés era un recluso de la cárcel de San Pedro. En otra ocasión, un grupo de privados de libertad había construido, a iniciativa propia, aulas, baños y ambientes que mejoraron notablemente sus condiciones de vida. En los talleres del penal tarijeño también se han destacado emprendimientos económicos o artesanales alentadores. Y, por qué no, es valorable que se organicen ferias, talleres, kermeses, etc.   Sin embargo, son gotitas de lluvia en el desierto. Casi nada de ello alienta la esperanza en un cambio de la exasperante realidad. Morros Blancos hoy es un lugar de pesadilla, infernal. Baste considerar que una reciente visita de dos diputadas al lugar tuvo como “bienvenida” la aparición de ratas bajo un “decorado” de torres de basura. La podredumbre interior se hizo fácilmente perceptible para los cinco sentidos de autoridades y periodistas.Los testimonios, no sólo de reclusos, sino también de guardias y funcionarios, sobre el hacinamiento y las limitaciones estructurales sorprendieron aún más. Como en las torturas medievales, hay lugares de castigo donde los reos pasan varios días y no tienen baños. Se encuentra celdas en las que duermen seis personas, dos de ellas sentadas, por falta de espacio. Los guardias ocupan un espacio improvisado, con goteras en el techo de una estructura prefabricada acomodada cerca de los reclusorios. Un largo etcétera, referido a hambre, enfermedades y relaciones internas, queda librado a la imaginación de nuestros amables lectores.  Es urgente recuperar el sentido de humanidad para con quienes viven en el penal tarijeño. A los medios nos toca la responsabilidad de reflejar esas carencias y limitaciones que nadie merece sufrir. Por definición, los panópticos son lugares de rehabilitación social. Allí quienes cometieron graves errores deberían ir a reflexionar y transformarse para retornar a la sociedad plenamente redimidos. En el peor de los casos, quienes ya hayan atrofiado demasiado sus instintos, debían merecer un control que evite su riesgo, realizar labores productivas, etc. Y hasta por un elemental sentido, habría que precaver que no pocas veces hay quienes pagan culpas ajenas.Pero con Morros Blancos la sociedad tarijeña y el Estado parecen ensañarse y cometer en conjunto delitos atroces. Pareciera un acuerdo silencioso por el que se decidiera destrozar física, psicológica y espiritualmente a quienes tienen la desgracia de estar recluidos. ¿Por qué? ¿Indiferencia? ¿Pereza? ¿Avaricia? ¿Y los valores que en los discursos políticos o sociales y religiosos unos y otros predican son purita hipocresía?Por todo ello, pedimos disculpas a aquel funcionario que, muy ofendido, reclamó a este medio por publicar noticas “no positivas” sobre Morros Blancos. Seguramente esas noticias llegarán cuando la salud, la educación y la infraestructura carcelaria sean palpablemente transformadas. Sin duda que entonces lo haremos y celebraremos esos logros. Hoy no. Lo sentimos, pero un elemental sentimiento de indignación nos impide taparnos ojos, oídos y narices, para escribir sobre “lo bien que lo pasan” allí adentro. No, distinguido caballero, hoy Morros Blancos está al otro extremo del paraíso y nada puede disimular su angustiante condición.


Más del autor