Cavando tumbas con los dientes, en campo fértil

atizado por turbios intereses, empezó a mostrar sus primeras consecuencias. Miles de productores aún no atinan a qué sembrar para reemplazar sus pérdidas, y hasta algunos adelantaron la desatinada idea de producir coca.Luego se supo que una helada, imprevisible en otras épocas, arruinó las...

atizado por turbios intereses, empezó a mostrar sus primeras consecuencias. Miles de productores aún no atinan a qué sembrar para reemplazar sus pérdidas, y hasta algunos adelantaron la desatinada idea de producir coca.Luego se supo que una helada, imprevisible en otras épocas, arruinó las producciones de ajo, haba, maíz y papa en Yunchará y El Puente. Algo similar pasó en regiones más bajas como Paicho, Tomayapo o Curqui, donde los campesinos perdieron sus plantaciones de vid y durazno.  Por si faltara más, este fin de semana la Asociación de Ganaderos de la Provincia O’connor (Asogapo) reportó que desde la gestión 2010, mueren cada año cerca de 200 cabezas de ganado. Tres enfermedades castigan especialmente al ganado vacuno, pero también al porcino y caprino: el carbunco, aftosa y el mal de orina. Estos males, según los ganaderos, hasta la fecha no pudieron ser controlados por las autoridades.Hasta donde se sabe fenómenos similares pasan en diversas partes del país. Frente a ello y además potenciada por el desequilibrio cambiario que afecta a la moneda boliviana se desató una inundación de productos extranjeros. Se abrieron generosamente las compuertas del contrabando y las importaciones. Ya casi no sorprende el descubrir en los principales mercados de La Paz o Santa Cruz, por ejemplo, una vistosa y variada producción de frutas y verduras peruanas. Dados sus tamaños, colores y sabores, no poca gente decide comprarlas.En ese rubro, el ingreso masivo de manzanas o uvas argentinas y chilenas ya resulta tradicional. Y eso constituye la parte más amable del problema. La inundación de lo ajeno se transforma en agobiante alud con la llegada de cereales, embutidos, mariscos, pastas y hasta pan. Envasados, enlatados, embolsados diversos de todo lo que el gusto gastronómico pida y con una variedad de ofertas orientadas a todo bolsillo.Desde sopas instantáneas chinas hasta atunes ecuatorianos de segunda ya hacen parte de la dieta boliviana de la era del gas. Este contraproducente proceso coincide además con perceptibles problemas alimenticios que crecen en todo el país. Desde los índices de sobrepeso, pasando por la diabetes, hasta los casos de cáncer en el aparato digestivo van en franco aumento.  ¿Quién regula y controla, por lo menos, los riesgos que implican para la salud de los bolivianos? ¿Qué se hace para incentivar, a estas alturas casi simbólicamente, el consumo de lo nacional? ¿Se ha hecho una lista de riesgo relacionada a transgénicos, preservantes, edulcorantes, tóxicos, grasas, etc.? ¿Hay alguna política destinada a una producción agropecuaria de calidad y que compita con el misterioso alud nutricional que nos asfixia y hasta mata?Lo más llamativo, cosa de locos, constituye el recordar el potencial productivo que existe en todo el país. Sólo en Tarija basta imaginar lo que son Bermejo, Tariquía y diversos valles otrora sobre abundantes en producción frutícola. Y no sólo por los dramas emergentes de este desbalance, sino por el sinfín de oportunidades que hoy surgen en los mercados mundiales de alimentos. Sólo una buena apuesta a los alimentos ecológicos, por ejemplo, podría abrir perspectivas de exportación, mejora alimenticia interna y hasta turismo. ¿Pero qué tenemos como respuesta?  La respuesta está en los problemas que enfrentan los campesinos de la zona alta, O´connor o el trópico. La encrucijada parece casi una calca: “Si las autoridades no nos colaboran y fracasan nuestros esfuerzos, entonces tendremos que migrar”.Consumatum est: los productores bolivianos de alimentos se dedicarán a labores agobiantes de peonaje, donde se mal alimentarán con sopas chinas instantáneas o enlatados cargados de tóxicos. La otra opción será el contrabando, en especial de alimentos. ¡Vaya desastre!


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