La Madre Tierra

sanciones y reparación de daños causados a la naturaleza, el patrimonio común de los seres humanos.A la conferencia, que entre el 10 y el 12 de octubre se realizó en Tiquipaya y se clausuró en Quillacollo (Cochabamba), acudieron cientos de delegados de los cinco continentes, el secretario...

sanciones y reparación de daños causados a la naturaleza, el patrimonio común de los seres humanos.A la conferencia, que entre el 10 y el 12 de octubre se realizó en Tiquipaya y se clausuró en Quillacollo (Cochabamba), acudieron cientos de delegados de los cinco continentes, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius; los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; de Ecuador, Rafael Correa, y de Bolivia, Evo Morales, el vicepresidente Álvaro García, además del canciller de Cuba, Bruno Rodríguez y el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, entre otros.En tres días de deliberaciones entre expertos, pueblos indígenas y ambientalistas en 12 mesas de trabajo se aprobó una declaración también de 12 puntos que será presentada por el presidente Morales como la propuesta de Tiquipaya en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-21) que entre 30 de noviembre y el 11 de diciembre próximo se desarrollará en París (Francia). Durante el acto de apertura del 10 de octubre, donde se leyó el mensaje del papa Francisco a favor de “los principios de una justa ecología integral que tenga en cuenta el verdadero bien de la persona humana”, Ban Ki-moon fijó el rumbo del encuentro de Tiquipaya al exigir de la COP-21 de París un acuerdo “creíble, transparente y explicable” a favor de la Madre Tierra.“Sabemos lo que tenemos que hacer para paliar el cambio climático. Tenemos que llegar a un sólido acuerdo mundial en París que obligue a todos los países a contener las emisiones de gases de efecto invernadero”, dijo y destacó el principio del “Vivir Bien” que Bolivia promovió en la ONU y que “ha servido de inspiración para las deliberaciones sobre la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”.Explicó que “Vivir bien” es “vivir en solidaridad con el ser humano y en armonía con la Madre Tierra”, y cuyo cuidado es “una cuestión moral” de los seres humanos.Y mientras el presidente Morales inculpó al capitalismo como al principal responsable del cambio climático, el canciller David Choquehuanca advirtió que la “Madre Tierra está herida de muerte” y su colega francés, Laurent Fabius, dijo que es indispensable que las naciones industrializadas apoyen financiera y tecnológicamente a los países pobres si se quiere alcanzar un acuerdo global en París.La Declaración de Tiquipaya condena a las acciones capitalistas en contra de la vida y las amenazas de guerras, demanda fortalecer los caminos del vivir bien, emplaza el reconocimiento universal de los derechos de la Madre Tierra, y plantea la creación de un Tribunal de Justicia Ambiental.También rechaza la mercantilización de la naturaleza, exige al capitalismo el pago de la deuda climática, deuda social y deuda ecológica, apuesta por el diálogo interreligioso para salvar el planeta, y aprueba una sola voz que en la COP21 de París defienda los derechos de la Madre Tierra.Según datos de la BBC, Estados Unidos lidera la lista (que incluye a China, Rusia, India, Japón y Alemania, sólo para citar seis), de los países más contaminantes, ya que sus plantas de energía liberan cada año a la atmósfera 2.500 millones de toneladas de dióxido de carbono, principal causante del efecto invernadero, del incremento de las temperaturas en el planeta.El calentamiento global afecta especialmente a los países menos contaminantes, pero, por ejemplo, África no ha contribuido en nada al efecto invernadero, pero lleva la carga más pesada del cambio climático.Según el último informe de Unicef, el calentamiento global puede causar la muerte de entre 40.000 y 160.000 niños por año en regiones como Asia y el África subsahariana, al contribuir con el descenso del crecimiento económico. Y sólo sería el principio.Por eso es cuestión de vida o muerte que las naciones ricas escuchen en París la voz de los pueblos reunidos en Tiquipaya y no esperen que caiga el último árbol para darse cuenta que no es posible comer dinero.


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