Una princesa en el botadero

Allí es donde Marlene, quien hoy cuenta con 10 años de edad, sueña con tiempos distintos. Un día quiere ser enfermera para curar a su mamá “que cada vez se enferma y hay que llevarla al hospital”. Pero, por ahora, junto con seis amiguitos, y sin siquiera barbijo de protección, escoge...

Allí es donde Marlene, quien hoy cuenta con 10 años de edad, sueña con tiempos distintos. Un día quiere ser enfermera para curar a su mamá “que cada vez se enferma y hay que llevarla al hospital”. Pero, por ahora, junto con seis amiguitos, y sin siquiera barbijo de protección, escoge restos entre montañas de basura para luego irlos a vender. Al margen de los amiguitos, el mismo oficio es desarrollado por decenas de personas marginales. Y, claro, decenas de perros, cerdos y cuervos carroñeros.Marlene y su corte de pequeños recolectores, tal cual testificó el periodista de El País EN, demuestran tener ya largo oficio. Aprendieron a “bucear” para buscar entre vísceras, vidrios, latas, papeles, algodones… cosas para vestir, cosas para jugar, y el material que compran las recicladoras. Se resignaron al precio del hedor y el hambre.   Y al parecer, nadie ha reparado o a nadie le ha importado el sinfín de peligros que asechan a estos niños. El Director de Aseo dejó de asegurar que era “imposible” la presencia de infantes en el botadero cuando se le avisó que había fotografías. Entonces salió con la teoría de hechos incidentales e ingresos clandestinos. En la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia nadie sabía nada de los niños recicladores de basura. Alguien hasta le dijo al periodista “no creo que pase algo así”.  ¿Será que, por lo pequeños, pobres, delgaditos, colmados de manchones y “buceadores”, se hicieron casi invisibles a los ojos de las autoridades? ¿O será que la indolencia, como suele pasar, atrofia particularmente el sentido de la vista no sólo de las autoridades, sino de buena parte de la sociedad?Esas autoridades que, cuando se cuestionó la falta de obras en Tarija, solían argüir que la mejor obra era la calidad de vida. Esa sociedad que apegada al lucimiento y la buena vida, es ajena a lo que pasa allá donde llegan los restos de sus despilfarros. Así Marlene y sus amiguitos desmienten a unos e interpelan a todos. ¿No que era ésta una tierra de proverbial solidaridad y sentido humano? ¿No que la gente era “buena”? ¿No que era la zona más rica de Bolivia? ¿No que se predicaba un amor inmensurable al “pago”?Pues ahora tocará demostrarlo con Marlene y los suyos. Esperemos que la respuesta no sea una lacónica puesta en vigencia de la prohibición de la presencia de niños en el botadero. Ojalá no todo se resuma a espantar a los niños para que no se hable de su incómoda labor.  Será hora de cambiarles esas sandalias de quinto uso halladas en “un día de suerte” por zapatillas nuevas. Será hora de reemplazar sus harapos, de mejorar su salud, de garantizarles educación. Habrá que alimentar esos aires de lucha con los que diariamente salen a esperar los camiones donde sueñan hallar algo que les cambie la vida.       Ojalá no todo se resuelva haciendo huir a esta noble princesa de 10 años de edad y su corte de “buceadores”. Ojalá no los hallemos en otro reino clandestino de esperanzas y olvido...


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