La UAJMS en el fondo de los fondos

Es la más clara señal, poco cuantificada, de la abrumadora crisis en la que se encuentran desde hace décadas los sistemas universitarios bolivianos. Salvo honrosas y contadas excepciones el grueso de la educación superior se hunde ya no en la mediocridad, sino en el fracaso estrepitoso....

Es la más clara señal, poco cuantificada, de la abrumadora crisis en la que se encuentran desde hace décadas los sistemas universitarios bolivianos. Salvo honrosas y contadas excepciones el grueso de la educación superior se hunde ya no en la mediocridad, sino en el fracaso estrepitoso. Probablemente, cuatro o cinco facultades, dos institutos de investigación y algunas carreras sueltas rompan esa fatalidad en todo el país, excepciones a la norma.     En ese escenario ya no gestan profesionales competentes ni líderes políticos ni, a ojos vista, autoridades universitarias de talla. En el sistema estatal desaparecieron aquellos elocuentes y admirables líderes estudiantiles de las federaciones universitarias. No queda ni la sombra de esos muchachos con ideales, carisma y manifiesta formación ideológica. Se extinguieron los rectores respetuosos y respetables, personalidades con autoridad moral que trascienda la propia institución y se proyecte a la sociedad.    Al sistema privado, por su parte, parece haberlo asfixiado precozmente la mercantilización de la enseñanza. La masificación del negocio lo ha condenado, en su generalidad, a la ley de la máxima ganancia al menor costo. En algunos casos es casi un sistema de teatralizada venta de títulos profesionales: los docentes simulan que enseñan y los alumnos simulan que aprenden.    Los resultados, que siempre llegan, son evidentes. Sólo dos universidades bolivianas, la Universidad Mayor de San Andrés y la Universidad Mayor de San Simón, aparecen en rankings internacionales de calidad académica. Para mayor dolor, ninguna de las dos figura siquiera entre las primeras 1.100 casas superiores de estudios del planeta. Ni siquiera se las halla entre las principales 100 de Sudamérica.  Ahora bien, en Bolivia funcionan 55 universidades, 12 estatales y 43 privadas. Y en ese conjunto, lo que destaca regularmente son los escándalos institucionales de las primeras y la ligereza disciplinaria de las segundas. En el caso de las privadas, prima, finalmente, la ley del mercado y ciertas señales de calidad que con el tiempo decantan diferencias. Allí se puede diferenciar las que enseñan algo o mucho de las que se dedican a vender desde bolígrafos hasta diplomas. Y ésas quedan en el fondo de esta crisis que toca cada vez más bajos fondos.En el caso de las estatales, resulta evidente que lo peor del sistema marcha paralelamente a la magnitud de la inestabilidad y conflictos internos. ¿Sabe, carísimo lector, cuál es la universidad más conflictiva e inestable de Bolivia en los últimos años? Basta revisar los archivos de prensa para advertir que la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho ostenta ese vergonzoso mérito.     Marginada por un abstracto escudo al que se denomina “autonomía” la sociedad tarijeña observa con impotencia el escándalo y cinismo permanentes. Masivas denuncias de corrupción, aparatajes propios de grupos vandálicos y autoridades atornilladas de manera casi suicida a sus cargos dan a suponer lo peor. ¿Cuál es el fondo de esas conductas? ¿A qué aspira la comunidad de la Universidad Juan Misael Saracho finalmente? ¿Qué es lo que se disputan los diferentes y amorfos frentes que aparecen para cada elección?Desde fuera lo único que se advierte es algo parecido a recientes cierres de campañas donde claramente se invertía una buena cantidad de dinero. Luego se desataban bacanales y finalmente vergonzosas grescas en el entorno de la fiesta. Magnífica síntesis y símbolo, promocionada hasta con invitaciones públicas por los medios de comunicación. Cuánto no habríamos querido que se anunciasen con ese mismo ahínco novedades en la investigación científica, acreditaciones internacionales por calidad académica o programas de interacción con la sociedad. Pero lo público hoy de la UAJMS es el escándalo y la disputa intestina similares a una gran farra de campaña.  Están destruyendo no sólo una institución, sino miles de destinos y un vasto futuro de la sociedad tarijeña. Es hora de que se ponga fin al escándalo, la chicana, la maniobra, el matonaje, la desidia, los abusos, y que la Universidad tarijeña recupere su honra y dignidad.Urge un cambio que se refleje no en pacto interno que sepa a complicidad. Urge un cambio  para que quienes egresen no descubran tarde que fueron en busca de una profesión y sólo recibieron cátedra de irresponsabilidad. ¿Hay en la UAJMS quienes estén dispuestos a semejante desafío? Entendemos que sí, pese a todo aún tenemos la esperanza en que sí se puede salir de semejante fondo.


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