Insultante opulencia de pocos

“La superación de la pobreza es el mayor imperativo moral que tiene el planeta, ya que por primera vez en la historia de la humanidad, la pobreza no es fruto de la escasez de recursos o factores naturales, sino de sistemas injustos y excluyentes, fruto de perversas estructuras de poder”,...

“La superación de la pobreza es el mayor imperativo moral que tiene el planeta, ya que por primera vez en la historia de la humanidad, la pobreza no es fruto de la escasez de recursos o factores naturales, sino de sistemas injustos y excluyentes, fruto de perversas estructuras de poder”, aseguró.“La insultante opulencia de los pocos al lado de la más intolerable pobreza son también balas cotidianas en contra de la dignidad humana”, insistió Correa y agregó que millones de personas que en América Latina viven en la pobreza “esperan la justicia, la libertad y una democracia real, no tan solo reducida a tener elecciones periódicamente”.En ese sentido, propuso objetivos comunes no sólo sobre mínimos de vida, sino sobre máximos sociales: el sumak kawsay o vivir bien de los pueblos ancestrales que significa vivir con dignidad, satisfaciendo necesidades de base, pero en armonía con uno mismo, con los demás seres humanos, con las diferentes culturas y en armonía con la naturaleza.Además, lamentó la ausencia de la libre movilidad humana en la agenda 2015-2030 para el desarrollo sostenible de la Organización de  las Naciones Unidas (ONU) y que es una “paradoja inmoral que por un lado se promueva la libre circulación de mercancías y de capitales buscando la máxima rentabilidad, pero por otro lado se penalice la libre circulación de personas buscando un trabajo digno es sencillamente intolerable e insostenible desde un punto de vista ético”.Por lo tanto, la globalización neoliberal no busca crear una sociedad planetaria sino tan solo mercados planetarios bajo la égida de los países ricos y súper industrializados, y en desmedro de los países en desarrollo –como los latinoamericanos– relegados a asumir el papel de meros proveedores de materias primas.En ese contexto, un estudio de la organización caritativa contra la pobreza Oxfam respalda plenamente los dichos del presidente ecuatoriano al sostener que más de la mitad de la riqueza mundial estará en manos de sólo del 1% de la población global en 2016 al aumentar con fuerza la desigualdad en el mundo.En ese reporte, divulgado en enero de 2015 previamente a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), Oxfam apuntó que los más acaudalados han visto aumentar su proporción de riqueza desde un 44% en el 2009 a un 48% en el 2014, y que bajo las tendencias actuales, la proporción superará al 50% en 2016. La directora ejecutiva de Oxfam, Winnie Byanyima –quien copresidió la reunión de  Davos–, dijo que esa explosión en desigualdad estaba impidiendo el avance en la lucha contra la pobreza.No obstante, ¿realmente queremos vivir en un mundo donde el 1% tenga más que el resto de la población mundial? Según Byanyima, “que las cosas sigan igual no es una opción libre de costos para la élite. El fracaso a la hora de lidiar con la desigualdad hará que la lucha contra la pobreza se retrase décadas”.Es que los pobres reciben un doble golpe por el aumento de la desigualdad, es decir, recogen una proporción menor del pastel económico y, debido a que la desigualdad extrema perjudica al crecimiento, hay menos pastel para ser compartido.Esta desigualdad extrema se patentiza cuando se manifiesta que los 80 individuos más ricos del mundo han tenido la misma riqueza que el 50% más pobre de la población mundial, cerca de 3.500 millones de personas.Esa fue una concentración aún mayor que hace un año, cuando la mitad de la riqueza mundial estaba en manos de 85 de las personas más acaudaladas del mundo.Y ese contexto, la insultante opulencia de unos pocos al lado de la más intolerable pobreza de muchos no sólo atenta contra la dignidad humana, sino que es inmoral y una muestra de la globalización de la indiferencia que ya advirtiera hace poco el papa Francisco.


Más del autor