Factor de inestabilidad

En el punto al que hemos llegado es preciso reconocer que, sin margen de discusión, la situación vigente es una verdadera obra de creación colectiva. Jamás pudo erigirse sólo con la codicia y la voluntad de quienes ejercen el poder, como se insiste desde la oposición, cuyo concurso ha sido...

En el punto al que hemos llegado es preciso reconocer que, sin margen de discusión, la situación vigente es una verdadera obra de creación colectiva. Jamás pudo erigirse sólo con la codicia y la voluntad de quienes ejercen el poder, como se insiste desde la oposición, cuyo concurso ha sido indispensable para que la tienda oficial pueda alcanzar una mayoría congresal de dos tercios, sin la que no podría aprobar la reforma constitucional, cuyo destino se decidirá en el referendo del 21 de febrero próximo.La oposición pudo, en las elecciones de 2014, frenar en seco la estrategia de reelección infinita que, casi desde el inicio de su primera gestión de gobierno, ha sido ostentosa y continuamente agitada por el MAS. La oposición partidaria supo con suficiente anticipación que la votación por el binomio presidencial beneficiaría al oficialismo y que la única chance de enfrentar y bloquear el plan de extender su mandato consistía en disputarle una mayor porción de bancas en el Parlamento.Ese proyecto iba más allá de la resistencia, porque si inscribían a sus mejores candidatos en las listas de senadores y diputados, en vez de perder el tiempo simulando esfuerzos de construcción de una unidad inviable, podrían haber conquistado más del 40% de curules, convirtiendo al Congreso en un verdadero espacio democrático donde se debatan, con voz que se escuche, los principales problemas y empiece a fiscalizarse las acciones de Gobierno.Pero, obviamente, para acometer esa tarea era necesario reconocer que ninguno de los candidatos contrarios tenía chance de ganar. O, más importante todavía, asumir que las grandes líneas de la Constitución y las metas de la reforma estatal son resultado de una creación social, expresada en una deliberación que se desenvolvió por más de una década y no un proyecto masista, porque ese partido llegó a la Constituyente sólo con un decálogo para el cambio; su mérito estuvo en ser capaz de abrirse y canalizar las principales demandas incubadas en la sociedad. Está bien claro que no ha ido, ni irá, más lejos, de allí que su propuesta y demanda de estabilidad significan dejar congelada la construcción de un nuevo Estado, la postergación indefinida del avance y despliegue de la pluralidad económica, política, cultural (no como agregados en torno a la hegemonía del viejo sistema), la asfixia de las autonomías y la negación del control, y auditoría sociales, al asociarse con las cúpulas corporativas.La consigna de estabilidad con que los gobernantes quieren seducir, engatusar y reclutar votantes significa la permanencia del truncado avance de las transformaciones. Si en 2009 el MAS se desplazó al centro, desde 2014 se ha convertido en el núcleo conservador decidido a congelar una transición que garantiza la inmutabilidad de las cosas. Si ha tenido que apresurarse y forzar la marcha es porque percibe que el transcurso del tiempo y la dirección del viento han dejado de serle tan favorables como hasta ahora.No se trata única ni principalmente de la disminución de ingresos y recursos, como con estrecho empeño economicista lo proclama la oposición, igual que se musita en la entraña del estado mayor político del oficialismo. Es el crecimiento de las demandas corporativas, a las que agrega y guía el régimen, así como la agudización de pugnas políticas internas, hoy todavía perfectamente disimuladas por el unánime acuerdo de toda la burocracia, para conservar sus puestos y eludir una efectiva rendición de cuentas, guareciéndose del candidato imbatible, las que están sembrando de escollos el plan continuista.Estas contradicciones hacen ya ahora bastante complicada la posibilidad de imponerse en el referendo y, si de todos modos lo consiguieran, “por las buenas o las malas”, hacen que nada garantice que tal victoria sea replicable en la votación de 2009 y, más bien, pueden llevar a que les pese haberse jugado ahora a una sola carta su destino.*es investigador y director del Instituto Alternativo.


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