Ayotzinapa a oscuras

López Astudillo fue aprehendido en Taxco, estado de Guerrero, después de 11 meses de investigaciones en las que participaron la Policía Federal, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y las secretarías de la Defensa Nacional y de la Marina mexicana.Se trata de un jefe narco...

López Astudillo fue aprehendido en Taxco, estado de Guerrero, después de 11 meses de investigaciones en las que participaron la Policía Federal, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y las secretarías de la Defensa Nacional y de la Marina mexicana.Se trata de un jefe narco con una orden de aprehensión por delincuencia organizada y secuestro, y diversos testimonios lo señalan como al autor material de la desaparición de los 43 normalistas.El detenido, de 36 años, era cabecilla del cártel Guerreros Unidos en las ciudades de Iguala y Cocula (Guerrero), donde desaparecieron los estudiantes, y es señalado por diversos imputados “directamente como el autor material de la desaparición de los 43 alumnos”.La Fiscalía General ha informado de que El Gil fue quien confundió a los jóvenes con miembros del cártel rival Los Rojos y quien transmitió esa información por mensaje de texto al ahora detenido líder de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, que habría autorizado así su asesinato.Su testimonio puede ser clave para despejar las interrogantes sobre qué pasó con los estudiantes, que fueron atacados por policías de Iguala, la noche del 26 de septiembre de 2014, por órdenes del ex alcalde de la localidad, José Luis Abarca, supuestamente para evitar que sabotearan un acto oficial. Seis personas murieron, incluyendo tres alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa, y 43 jóvenes fueron detenidos por los policías y entregados a miembros de Guerreros Unidos, quienes los asesinaron, quemaron en el basurero de Cocula y habrían lanzado sus restos calcinados en bolsas en un río cercano. No obstante, esta versión es rechazada por los familiares de las víctimas y por expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que durante seis meses investigaron el caso y aseguran que no hay pruebas científicas de que fueran quemados en el basurero, y solicitaron que se investigue si los chicos pudieron haber sido asesinados como represalia por haber tomado un bus cargado de droga.Entre tanto, en todos los rincones de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa hay huellas de las diversas luchas que ha vivido esta región, plasmadas en murales y grafiti: huelgas, paros, intervenciones del Ejército y la muerte de Alexis y Gabriel, dos estudiantes asesinados por fuerzas policiales en la Autopista del Sol, en diciembre de 2011. Pero entre todos estos episodios, hoy sobresale la desaparición de los 43 alumnos, en septiembre de 2014.Y, como relata Ernesto Núñez, a los murales con escenas de policías reprimiendo estudiantes y campesinos, con gobernadores o presidentes caricaturizados, o con frases y caras de los ideólogos de la Revolución Mexicana, se han sumado los rostros y nombres de los ocho estudiantes muertos y los 43 desaparecidos aquella noche en Iguala.En la cancha de basquetbol hay 43 pupitres acomodados como si estuvieran dentro de un salón de clases, con las fotografías de los estudiantes ausentes. Hay velas, un crucifijo, imágenes de la virgen de Guadalupe, flores, frutas y tortugas hechas de papel y estambre. Pareciera una ofrenda de muertos, pero en realidad es una instalación que propaga una consigna que se repite, como si fuera un mantra, en todos los rincones de la escuela: “vivos se los llevaron, vivos los queremos”.Es paradójico, la ausencia de los 43 parece llenar de vitalidad una escuela que podría pasar por una hacienda abandonada, cuyo modelo educativo está en vías de extinción o de aniquilamiento, porque Ayotzinapa es un sobreviviente a la política educativa que implementa el neoliberalismo, un modelo incómodo por su activismo, su conciencia de clase y su posición contestataria.Una piedra en el zapato de la que querían deshacerse los últimos gobiernos locales y federales, pero que, contradictoriamente, hoy está más vivo que nunca.Por eso es trascendente la captura de El Gil, ya que podría arrojar luces en un túnel que muchos parecen preferir mantener a oscuras.


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