La última dictadura latinoamericana

De igual modo señala  que en los años 70, dentro de la izquierda latinoamericana, muchos se asombraban e irritaban cuando se  criticaba a la dictadura de Fidel Castro en Cuba. Los mismos que condenaban y con toda razón  a las dictaduras en América latina  se mostraban renuentes  e...

De igual modo señala  que en los años 70, dentro de la izquierda latinoamericana, muchos se asombraban e irritaban cuando se  criticaba a la dictadura de Fidel Castro en Cuba. Los mismos que condenaban y con toda razón  a las dictaduras en América latina  se mostraban renuentes  e incapaces de condenar con los mismos parámetros  al régimen cubano. La explicación que encontraba el autor mexicano para este comportamiento incoherente residía en que los actos políticos no siempre se miden por su propio significado, el parámetro de  medición depende  de la relación que guardan con una instancia moral superior llamada “revolución” o “Lógica de la historia”. Son actos buenos, sin excluir la mentira, la ejecución de rehenes, de presos políticos, los que ayudan a la revolución; malos, los que la perjudican, y las críticas sólo pueden venir de individuos egoístas, agentes del imperialismo, incapaces de comprender las grandes virtudes que encierran las intenciones de los grandes revolucionarios. Todas estas consideraciones adquieren  actualidad en momentos  en que se intensifican las críticas internacionales contra la dinastía de los Castro  en Cuba  e inclusive dentro del mismo país. Un régimen de partido único donde no existe la posibilidad de alternancia y una misma familia se mantienen en el poder por más de 50 años, donde no hay prensa independiente y los opositores son encarcelados sistemáticamente, solo puede calificarse como un régimen dictatorial. Raúl Castro ha defraudado las expectativas alentadas tras el reemplazo de su hermano Fidel, en una de sus intervenciones públicas califico de: “campaña organizada, dirigida  y financiada desde los centros de poder de Estados Unidos y Europa, para desprestigiar a la revolución enarbolando hipócritamente la bandera de los derechos humanos” los reclamos de libertad de  los presos políticos efectuados desde la Unión Europea. En realidad la política de la Unión Europea hacia Cuba  está basada en la posición común adoptada en el año  de 1996, de tono moderado, su objetivo es promover una transición a la democracia y al respeto de los derechos humanos, usando un constructivo diálogo político  enfocado en los resultados y en cooperación con todos los sectores de la sociedad cubana. Lo más prudente con el país caribeño es que la presión internacional sea moderada para evitar que medidas  antipopulares  como el embargo norteamericano, sean utilizadas como pretexto por el actual régimen para consolidar su poder. Finalmente no puede invocarse el principio de no intervención  frente al reclamo  por los derechos humanos ni puede servir de excusa  para denunciar la verdadera naturaleza de un régimen dictatorial.*es administrador de empresas


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