El sujeto-espectador actual
De alguna manera, el voyeurista (aquel que padece el trastorno de observar compulsivamente la vida erótica o sexual ajena) y el hombre de la sociedad actual como espectador pasivo en tanto sujeto indiferente e inerte a los acontecimientos sociales, evidencian los mismos síntomas: individuos...
De alguna manera, el voyeurista (aquel que padece el trastorno de observar compulsivamente la vida erótica o sexual ajena) y el hombre de la sociedad actual como espectador pasivo en tanto sujeto indiferente e inerte a los acontecimientos sociales, evidencian los mismos síntomas: individuos que, con tendencias adictivas, hallan satisfacción en el universo ajeno, reemplazando la acción por la mirada, la que ha dejado de ser un medio para constituirse definitivamente en un fin.Sentado frente a la pantalla, el sujeto contemporáneo ha logrado al fin saciar su deseo visual. Si el deseo de mirar está implícito en la naturaleza del hombre, el consumo de imágenes que propone la era digital se ha disparado al infinito: por todas partes.Desde siempre, el hombre ha sentido la necesidad de satisfacer su deseo audiovisual. Pero el desarrollo de un nuevo régimen de la visibilidad, a partir de las tecnologías digitales, ha incentivado aquella necesidad primaria: el voyeurismo, que busca satisfacer la libido a través de la observación de lo genital o la imagen pornográfica.“Si el voyeurismo es una práctica antigua ya condenada en el Génesis, en el pasaje en que Noe maldice la estirpe de su hijo Cam porque éste vio sus genitales mientras dormía, en la era mediática se ha potenciado con los soportes de información”.El antiguo fisgón que disfrutaba de contemplar el acto sexual ajeno, representado con la imagen cinematográfica de la cerradura, se ha convertido en un sujeto absorbido por la pantalla, como el propio sexo absorbe al mirón: a distancia.


