¿Una elección previsible y aburrida?

La primera -y desde mi punto de vista la más grave- es que hay un desconocimiento generalizado de la población respecto al contenido de los  estatutos autonómicos que se van a votar, al menos esta es una certeza en el caso de los cinco departamentos involucrados. Si bien el Tribunal Electoral...

La primera -y desde mi punto de vista la más grave- es que hay un desconocimiento generalizado de la población respecto al contenido de los  estatutos autonómicos que se van a votar, al menos esta es una certeza en el caso de los cinco departamentos involucrados. Si bien el Tribunal Electoral sigue los plazos previstos en la ley para  autorizar la propaganda política,  era absolutamente pertinente que los contenidos de los estatutos comiencen a difundirse durante el proceso de discusión, elaboración y aprobación de este instrumento para dar cuenta a la población del estado del debate. Pero, además, es absolutamente necesario que se  comience por explicitar qué es un estatuto autonómico, qué significa este paso en relación con el avance hacia las autonomías,  cuál es el contenido -al menos de los puntos centrales- que contiene un estatuto y por qué es importante que la ciudadanía se involucre en el debate, se informe y emita un voto  responsable.  La segunda razón está relacionada con las lógicas de votación de los últimos años. Es decir, en las últimas elecciones de autoridades y  en las consultas  realizadas se ha producido una asociación directa y explícita entre las posiciones políticas a favor y en contra de determinada decisión y el actor político que las sustenta.  No olvidemos lo sucedido, justamente, con las consultas sobre las autonomías en dos contextos temporales distintos. En 2006 cuando el país se encontraba polarizado, quienes votaron a favor de las autonomías eran las regiones entonces opositoras al Gobierno, los departamentos que conformaron  la denominada ‘media luna’ que defendían la autonomía como un mecanismo de resistencia al Gobierno; en tanto que en las otras regiones,  que eran afines al Presidente recientemente electo, votaron en contra debido a que dicha autoridad explícitamente se opuso a las autonomías. Años más tarde, cuando el Gobierno decide asumir la autonomía como parte de su proyecto político y ésta se incorpora en la nueva Constitución, los resultados de la consulta realizada en 2009 en los departamentos antes detractores resulta favorable a la posición gubernamental. Es cierto que han pasado muchos años desde entonces y el entusiasmo autonómico ha bajado considerablemente, al punto de pasar inadvertido, paradójicamente,  en aquellos departamentos que lucharon denodadamente  por conquistarla. Es así que en ninguno de los departamentos de la ‘media luna’ se van a someter a consulta los estatutos, porque aún no han terminado de consolidarse. La batalla política parece haber perdido sentido. No obstante, y esta es la tercera razón por la cual los resultados están cantados, es que ante la inercia del centralismo cualquier paso que avance hacia su transformación  será ponderado por la ciudadanía.  Por tanto, no resulta ningún misterio ni desafío astrológico  saber que la votación por el SÍ se impondrán en todos los lugares  en que se realice la consulta ciudadana. De hecho lo que esto provocará es una apatía ciudadana ante la pérdida de sentido de la próxima consulta.María Teresa Zegada es socióloga.


Artículos Recientes
Tema del día
Tema del día
Una tregua sin vencedores
Una tregua sin vencedores