Símbolos
Cuando al llegar a casa, después del entierro, se dio cuenta, dijo, sin que nos atreviéramos a contradecirla, que había que cambiar la cerradura esa misma tarde. Mientras buscábamos cerrajeros de urgencia en Internet (todos carísimos), mi prima Montse contó que ella no la había cambiado al...
Cuando al llegar a casa, después del entierro, se dio cuenta, dijo, sin que nos atreviéramos a contradecirla, que había que cambiar la cerradura esa misma tarde. Mientras buscábamos cerrajeros de urgencia en Internet (todos carísimos), mi prima Montse contó que ella no la había cambiado al separarse, lo que su ex interpretó como que podía entrar y salir cuando le diera la gana. Al final cambió la puerta entera y guardó la antigua en el trastero, con la llave puesta. Dice que ahora, de vez en cuando, se acerca a ella para probar si sigue funcionando.El caso es que empezaba a oscurecer y el cerrajero no aparecía. Estábamos todos en el salón, tomando café e infusiones con unos pasteles variados que había ido a comprar uno de mis sobrinos al que un canuto le había despertado el hambre. Mi abuela iba nerviosa de un lado para otro, mirando la hora y murmurando jaculatorias para sus adentros. En esto, apareció el cerrajero de urgencia, que cambió el bombín, le entregó las llaves nuevas a la abuela, pasó la factura y se fue corriendo, quizá a casa de otra viuda. ¿Y ahora qué hago con esto?, preguntó mi abuela observando las llaves y el bombín antiguos. Tirarlo, dije yo, no sirve para nada. Meditó un rato, negoció consigo misma o con alguien que la habitaba, y al cabo nos pidió que volviéramos a dejar las cosas como estaban. Me tocó a mí, porque soy aficionado al bricolaje.


