Luis Espinal y Juan Carlos Flores, vidas y muertes paralelas

su vicepresidente, que derrotaría luego al guerrillero heroico en Ñancahuazú, sorprendiendo al planeta por su trágico fin. Una sociedad enfrentada a sí misma, a sus propios fantasmas, que se debatía, como hoy, entre certezas, esperanzas y dudas.Los años que separaron a esa promoción del...

su vicepresidente, que derrotaría luego al guerrillero heroico en Ñancahuazú, sorprendiendo al planeta por su trágico fin. Una sociedad enfrentada a sí misma, a sus propios fantasmas, que se debatía, como hoy, entre certezas, esperanzas y dudas.Los años que separaron a esa promoción del trágico desenlace de las muertes de Luis Espinal Camps y Carlos Flores Bedregal, el año de 1980, no fueron sino una continua sucesión de eventos entre la libertad y la dictadura. Primero, Ovando y la nacionalización de la Gulf, por mano de su ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz -que con Espinal y Flores Bedregal viene a formar un trípode en el que se asienta hoy la democracia boliviana-;  luego el gobierno del general Juan José Torres, quien llamó a la conformación de la Asamblea Popular, provocando la reacción del golpe de Hugo Banzer Suárez y el septenio de los cuchillos largos, interrumpida por la heroica huelga de hambre de Domitila y las mujeres mineras.Luis Espinal, como muchos sacerdotes, abrazó la lucha abierta por la democracia y la libertad, y contra la dictadura de Banzer. Ahí estuvo también el padre Tumiri, creador de la Comisión de Derechos Humanos. Pronto acuñaría el periódico Aquí, su valiente director fue el jesuita Luis Espinal, que ha sido muy justamente homenajeado por el papa Francisco, en Achachicala.Juan Carlos Flores Bedregal, por su parte, fue editor y secretario general del periódico Lucha Obrera, órgano del P.O.R. Posadista, fue electo diputado por el departamento de Chuquisaca por la coalición de la Unidad Democrática y Popular, que encabezaba el doctor Hernán Siles Suazo.Espinal Camps  y Flores Bedregal fueron asesinados el 24 de marzo y el 17 de julio de 1980, respectivamente, por el general del Ejército Luis García Mesa Tejada y su sanguinario secuaz Arce Gómez. Espinal tendría el más apoteósico sepelio que se conoce en nuestra historia contemporánea. Juan Carlos fue negado, ocultados sus restos, secuestrados junto a los de Marcelo Quiroga Santa Cruz, negado y olvidado por 35 años.Hasta hoy el Estado Boliviano no le ha rendido los honores que corresponden, porque fue el único diputado en ejercicio que fue asesinado en el golpe de 1980. Su muerte no era sólo la de una promesa enorme a sus 27 años de edad, sino que en él se había representado oficialmente la democracia naciente y el Poder Legislativo, ese aciago 17 de julio, en la reunión del Conade en la COB.Desde entonces y a la fecha no se han desclasificado los documentos secretos de las Fuerzas Armadas. ¿Por qué el proceso de cambio se niega a ello? Si bien es cierto que García Meza fue sentenciado a 30 años  de cárcel sin derecho a indulto, hace ya varios años que vive muy cómodamente en las dependencias del Hospital Militar, y es más probable que termine su sentencia antes de que los restos de Marcelo y de Carlos sean identificados.Los homenajes deben hacer justicia y distribuirse también con equidad, aunque el Estado se resiste a aceptarlo. Es también tarea de la sociedad. Su reconocimiento está pendiente en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Son 35 años de negación sistemática.* Juan Francisco Bedregal Villanueva es ciudadano boliviano


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