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Y, en ocasiones, no es fácil digerir el parte de muertes que a diario te ofrece don aire desde el dintel del tiempo. Hay riesgo de catástrofes por doquier rincón, de tragedia climática o de dramas humanos. Falta ese fuego lento de amor para que los días servidos por el ser humano, dejen de...

Y, en ocasiones, no es fácil digerir el parte de muertes que a diario te ofrece don aire desde el dintel del tiempo. Hay riesgo de catástrofes por doquier rincón, de tragedia climática o de dramas humanos. Falta ese fuego lento de amor para que los días servidos por el ser humano, dejen de ser crudos y duros.

Sería saludable, sin lugar a dudas, poner en los caminos la «plática de los dones» de la inimitable poeta de vida, Gloria Fuertes, porque ciertamente: sensibilidad, inteligencia y fe, son un don a cultivar para cautivarse de humanidad. Con ellos es como si tuviéramos tres cajones repletos de víveres. He aquí su receta para un buen refrigerio humano: “Usar nuestros gratuitos dones gratuitamente/ con los demás, / hacer con nuestra sensibilidad/ licor para embriagar, / hacer convivencia; con nuestra inteligencia, / hasta que a fuerza de no usar la fuerza/ contagiemos la fe”. Ella, la poeta de amor en pecho, que se manifestaba en poesía para tardar menos en decirnos más, acentuó el deseo y puso la energía poética, tanto en defender a los explotados como en curar el egoísmo de los explotadores.


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