Balanza de la fe

depende de nuestras exportaciones, cuyo excedente se ha visto mermado por altos gastos y bajos precios por nuestras materias primas.  Quien aún goza de buena salud, toda vez que el Estado minimiza su presencia en su territorio de influencia, es el efecto multiplicador del narcotráfico. La...

depende de nuestras exportaciones, cuyo excedente se ha visto mermado por altos gastos y bajos precios por nuestras materias primas.  Quien aún goza de buena salud, toda vez que el Estado minimiza su presencia en su territorio de influencia, es el efecto multiplicador del narcotráfico. La lucha contra el narcotráfico existe, lo mismo que acuerdos, susceptibles a que haya algún evento internacional, especialmente con los países vecinos. No obstante, la economía boliviana obtiene un blanco respiro, cortesía de grandes peces del tráfico internacional.  Otra fuente de jugosos ingresos, beneficiado por el tipo de cambio estable y fijo, es el contrabando. Debido a que el modelo boliviano ha apostado a la “desdolarización”, existe gran peligro de que una devaluación, por gradual que sea, genere una violenta desaceleración. Por ende, el negocio parece estar asegurado por una moneda sobrevaluada.  Los precios relativos en frontera hacen lucrativo internar la otra blanca.Por último, podemos apostar a las remesas, que han crecido de manera superlativa. Esos dineros que, con sangre, sudor y lágrimas llegan de bolivianos expatriados, representan un ingreso muy significativo, casi equivalente a la recaudación tributaria interna.Al margen del “blindaje” a nuestra economía, fruto de las consideraciones anteriores, debemos poner barbas al remojo cuando se trata de la cordial solicitud a empresarios de invertir 3.000 millones de dólares. En torno a este pedido de los jerarcas del Gobierno hay un elemento que pareciera estar ausente: la confianza. La confianza es un elemento o variable clave del comportamiento económico, que pareciera ser olvidada cuando simplemente se demanda a los actores económicos invertir o ahorrar. En contraste a abrir un boliche de comida rápida, las inversiones de largo plazo requieren de condiciones un tanto más estables que el precio de la harina. La confianza  es la creencia en que una persona o grupo será capaz y deseará actuar de una manera adecuada y predecible. Representa una hipótesis sobre la conducta futura del otro. En este sentido, la confianza puede reforzarse o debilitarse según las acciones de los actores. Junto a la confianza está la confiabilidad en que el sistema opere eficazmente, una variable que incide sobre la inversión y ahorro de largo plazo. Sólo cuando la confiabilidad puede ser especificada y analizada se convierte,  al igual que el costo, riesgo y retorno a la inversión, en un parámetro en el diseño de estrategias económicas.Mientras en nuestra economía no exista la debida institucionalidad y transparencia, especialmente en el arbitraje de la justicia, los actores preferirán actividades menos riesgosas, como ser abrir boliches, traficar estupefacientes o lucrar de internar ilegalmente harina barata. La confianza es la base de todas las instituciones. Su poder de influenciar la conducta radica en la capacidad de influir en la acción ajena, para forzarla a ajustarse a las condiciones, reglas y expectativas creadas. Pero sin la existencia de pesos y contrapesos en la sociedad, estamos a la merced del capricho de turno. Tener fe en nuestro sistema económico no puede ser un acto de buena voluntad, mucho menos un acto de  fe ciega. Para invertir 3.000 millones de dólares, el sector privado evaluará las condiciones que enmarcan su costosa apuesta. Gracias a un Papa argentino, vivimos tiempos de una fe renovada. En las fronteras, sin embargo, lo que se pesa en la balanza comercial es la blanca harina, cortesía de la devaluación Argentina. Por ahora, lo que pesa en la economía boliviana es el lucro rápido, cortesía de la incertidumbre. Sin confianza, la sociedad civil tendría que invertir sin saber si las reglas se mantienen, o si algunas de ellas cambiarán mañana.


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