La equidad de género en la escuela

Pero tampoco puede situarse en el marco de un triunfalismo bobo que desconozca la persistencia de patrones discriminatorios que afectan a veces a las mujeres y a veces a los hombres en contextos específicos determinados, entre otros, por la etnicidad, la condición rural o urbana, y la...

Pero tampoco puede situarse en el marco de un triunfalismo bobo que desconozca la persistencia de patrones discriminatorios que afectan a veces a las mujeres y a veces a los hombres en contextos específicos determinados, entre otros, por la etnicidad, la condición rural o urbana, y la pobreza.    También, deben tenerse en cuenta los efectos encadenados de estas discriminaciones en el desarrollo de los ciclos de vida, durante los cuales estas desigualdades se mantienen y, en la mayoría de los casos, se profundizan.Los compromisos establecidos por los gobiernos alrededor de acuerdos internacionales como el programa de Educación Para Todos de UNICEF, los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (ODMs) y las Metas 2020 de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) generaron contextos adecuados para avanzar en la expansión de la educación desde una perspectiva de derechos e igualdad de género. De ellos, el compromiso más importante es el que surge de los ODMs, que en su objetivo:Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer incluyen metas obligatorias para los Estados y eliminar las desigualdades entre los géneros, en la enseñanza  y en todos los niveles de la educación.Estos compromisos permiten concretar políticas para satisfacer las persistentes demandas de los pueblos de la región dirigidas a la expansión de la educación, agenda que - con variaciones por países - se extendió desde fines del siglo XIX hasta la fecha.    Si bien el acceso a la educación es un derecho humano, es necesario pensar su articulación con el sistema productivo, donde se concentra hoy la discriminación de las mujeres post escuela. Aún las que llegaron al nivel superior neutralizan esa ventaja por el tipo de orientación que eligieron —o que la cultura les impuso— concentrándose en carreras más ligadas con los roles de género tradicionales, de menor prestigio social y menores niveles de remuneración.    Ese proceso de selección refuerza el deber ser de los roles tradicionales, la instalación de la desconfianza sobre sus capacidades cognitivas, y la falta de estímulos para la potenciación de otras dimensiones de su inteligencia, menos matemáticas, física, química y más auxiliares de laboratorio, enfermeras, asistentes personales calificadas o simples trabajadoras del servicio doméstico.Así, la concentración femenina es más alta en actividades como la docencia, el trabajo social, la enfermería, las tareas de cuidado. Reiteremos que en varias regiones la tasa de actividad es menor que la de los hombres, la del desempleo es mayor, el acceso a la seguridad social y al trabajo decente es menor.


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