De vuelta a casa luego de los alegatos ante la CIJ de La Haya
fueron coadyuvantes y favorables para la demanda boliviana interpuesta en 2013, pues, indirectamente, se tocaron temas de fondo que agregan peso a la esencia de nuestros fundamentos.El desempeño del equipo boliviano fue conducido y ejecutado con pulcritud y acendrada consistencia, dejando...
fueron coadyuvantes y favorables para la demanda boliviana interpuesta en 2013, pues, indirectamente, se tocaron temas de fondo que agregan peso a la esencia de nuestros fundamentos.El desempeño del equipo boliviano fue conducido y ejecutado con pulcritud y acendrada consistencia, dejando sentado luego, atinadamente también, que algunos aspectos planteados a partir de las preguntas de dos de los jueces de la CIJ serán aclarados en su momento y en una etapa posterior, oportunidad que esperemos sea propicia para tratar la sustancia de nuestro petitorio con un Tribunal declarado plenamente competente.Más allá del aplomo de nuestro “Dream Team-Jurídico” –así calificado por un corresponsal adjunto a la delegación boliviana en La Haya, no sin una dosis de exageración-, los exultantes criterios y glosas sobre su despliegue han adquirido, en algunos casos, dimensiones un tanto desproporcionadas.Pasadas la parafernalia y la rimbombancia que muchos le han dado al asunto, será bueno, ya serenos, recuperar el equilibrio y poner los pies sobre la tierra. Todavía aún no hemos conseguido nada parecido a un triunfo real; de hecho, recién se sabrán novedades sobre el recurso de incompetencia planteado por Chile cerca de finalizar el presente año.La parte jurídica de nuestra demanda está en buenas manos, con un agente solvente asistido por un selecto grupo de abogados externos que saben de su oficio en la tarea procesal ante la CIJ. Eso ha quedado demostrado.Sin embargo, pensar que para alcanzar nuestro objetivo esencial (retornar al Pacífico con soberanía) basta con abocarse y concentrar nuestro esfuerzo en lo jurídico como eje dominante es inexacto, porque esa vía no constituye la solución en sí misma del enclaustramiento boliviano.Como en todo, hay una buena y otra no tanto. La primera es que al iniciar el juicio en 2013 hemos puesto a Chile en una situación complicada y embarazosa ante la comunidad internacional, dejando en claro que existe un problema pendiente e irresoluto. La segunda (asumiendo que en el mejor de los casos la CIJ falle a favor nuestro) es que ello no bastará para conseguir la ansiada salida soberana que satisfaga nuestro reclamo.Aquí y ahora hay que hablar claro y directo sobre este trascendental tema: haber llevado a Chile ante la CIJ por la vía judicial es un camino más en el largo andar para lograr nuestra meta principal. Fue un paso necesario e importante, ni duda cabe, pero ojo, cualquiera sea el resultado en La Haya, será la diplomacia (tan vilipendiada en el último tiempo) el mecanismo que, adecuadamente gestionado, permitirá la solución definitiva de nuestro injusto encierro.Para generar un escenario propicio en tal sentido se debe trabajar duro y sin demora porque, tarde o temprano, llegará la hora para que Bolivia ponga en práctica una estrategia diplomática sólida, que deberá ser óptima, realista y efectiva, producto de un diseño cuidadoso y hábilmente elaborado.Cuando las cosas se planifican con tiempo y cuidando hasta los mínimos detalles no hay que sorprenderse mucho de los resultados positivos que puedan decantarse y, tal como se ha hecho hasta ahora, con la misma responsabilidad y dedicación para preparar lo jurídico, la diplomacia boliviana está en el deber y la obligación de proyectar un trabajo meticuloso de verdadera trascendencia estratégica para un complejo proceso ulterior de negociación -si todo sale como esperamos, claro está-.Un primer paso, acertado como esperanzador, ha sido la inclusión de tres excancilleres en la delegación boliviana para los alegatos pasados, equipo al que debieran integrarse otras no menos notables exautoridades para conformar un “Concejo Consultivo Estratégico” al más alto nivel, con lo mejor que tenemos en Bolivia en materia diplomática y geopolítica. Son esas personalidades que por experiencia, visión y trayectoria podrán dar luces y guías estratégicas para lo que viene de aquí en más, a través de una especie de cuerpo colegiado, pero que de verdad funcione y trabaje de manera permanente, y no tanto para esporádicas reuniones que le resten continuidad a lo mucho que pueden aportar, sobre todo en un momento histórico como el actual, en el que Bolivia se las juega todas.*Gustavo Murillo Carrasco es abogado y diplomático.


