Los moralismos en los almuerzos de empresa

Un abecedario que sale de los labios pero que muy pocas veces pasa por el corazón. Es una forma de quedar bien ante los demás, un automatismo que nada tiene que ver con nuestra vida cotidiana. Para empezar, hoy la persona cuenta bien poco ante los grandes objetivos mercantilistas y vale mucho...

Un abecedario que sale de los labios pero que muy pocas veces pasa por el corazón. Es una forma de quedar bien ante los demás, un automatismo que nada tiene que ver con nuestra vida cotidiana. Para empezar, hoy la persona cuenta bien poco ante los grandes objetivos mercantilistas y vale mucho menos si no es poder o no produce. Atrás quedó aquel dicho de que un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala; o aquel verdadero amigo que, a pesar de saber cómo eres, te quiere.Estos moralistas de mantel y buen vino, que derrochan una cínica simpatía, suelen ser unos auténticos bocazas. Sin estilo alguno, casi siempre con una cara dura impresionante, se ponen a sembrar moralidades sin saber qué significan las semillas. Claro, nada regeneran, lo confunden todo. Son sembradores que luego cosechan indiferencias. En un ambiente basado en las apariencias, todo es vacío y pasajero; y lo que pudiera ser bueno, reunirse en torno a la mesa, deja de tener sentido para convertirse en muñecos de engorde.


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