La Isla de la Libélula: La calle

Sentado en una piedra recuerda la primera caída en público, el correr tras una vieja pelota, el día en que trepó por primera vez a un árbol y murió de miedo viendo el suelo desde las alturas, su primer beso y aquella paliza que le dio su madre por no querer entrar aún a dormir. El viejo...

Sentado en una piedra recuerda la primera caída en público, el correr tras una vieja pelota, el día en que trepó por primera vez a un árbol y murió de miedo viendo el suelo desde las alturas, su primer beso y aquella paliza que le dio su madre por no querer entrar aún a dormir. El viejo farol está más despintado que antes y aunque la calle tiene los mismos huecos de siempre, el árbol al que se trepó ya no existe; pues la modernidad de un edificio requirió su pequeño espacio. ¿Dónde andarán los niños que jugaron con él? ... Tal vez en otras calles, tal vez en otros rumbos. Pasan cinco minutos y Julián se lleva el último recuerdo de ese espacio; debe continuar. Toma sus maletas, hace parar un taxi rojo y sube rápidamente como escapando al tiempo; sin embargo, ya sentado, no puede evitar darse la vuelta y mirar  una vez más la calle que acogió todos sus sueños. Ahora… en otra calle larga y silenciosa, de piedras mudas y de polvo suelto, continuará su vida...


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