La Isla de la Libélula : Los cinco duendes

pero no siempre en el momento indicado. Mirando la copa de los árboles, recuerda que han pasado ya quince años de aquellas tardes de otoño, en las que sólo la brisa del viento la hacía feliz. Bastaba con encontrar el lugar perfecto para disfrutar del silencio leyendo un poema. Pero hoy, eso...

pero no siempre en el momento indicado. Mirando la copa de los árboles, recuerda que han pasado ya quince años de aquellas tardes de otoño, en las que sólo la brisa del viento la hacía feliz. Bastaba con encontrar el lugar perfecto para disfrutar del silencio leyendo un poema. Pero hoy, eso ya no llena su corazón de paz. El duende de la sencillez se ha dormido bajo una gruesa túnica de vanidad.A medida que fue creciendo otro aspecto la hizo feliz; pues el sólo hecho de sentirse hermosa le llenaba el alma. Comprar cosméticos, ropa, zapatos y bijouteria era lo único que inundaba de brillo sus ojos negros. Lucía podía pasar tardes enteras midiéndose ropa frente al espejo, pero hoy eso ya no la llenaba de alegría. El duende de la vanidad se escondió detrás de la sombra de la perfección. Así pasó el tiempo y otra cosa movió el espíritu de Lucía, fue entonces cuando los logros profesionales se convirtieron en el centro de su vida. Sacar una buena nota en la universidad y obtener buenos resultados en su trabajo, eran las únicas dos cosas que le daban paz. Sin embargo, hoy eso tampoco ya la hace feliz. El duende de la perfección se derritió ante el calor de un amor.Cuando llegaron sus 28 años, Lucía le dio un giro a su vida y una tarde cualquiera en un lugar cualquiera sintió que lo único que ahora la haría feliz era tener al amor de su vida a su lado, poco tiempo después esto se concretó pero aún le faltaba algo más para estar completa.  Fue entonces cuando el duende del amor se estacionó bajo la incertidumbre.Hoy ha pasado el tiempo…Lucía lleva una vida dentro de su vientre y mirando la copa de los árboles, sentada en su puerta, siente que es feliz como nunca antes lo había sido. Después de tantos años su corazón se llenó nuevamente de paz con la sencilla brisa del viento.Esta vez Lucía llora de felicidad y está segura que está completa. Ahora, el duende de la alegría se ha sentado junto a ella y acaba de abrazarla en el dintel de su puerta.


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