La Isla de la Libélula : El insomnio amigo
pues ha soñado muchas veces que alguien la asfixia. El insomnio se ha apoderado de ella hace más de un año y hoy, unas profundas ojeras se han estacionado en su frágil rostro de porcelana. Una infinidad de veces ha escuchado los estruendosos ladridos de los perros a la media noche, se ha...
pues ha soñado muchas veces que alguien la asfixia. El insomnio se ha apoderado de ella hace más de un año y hoy, unas profundas ojeras se han estacionado en su frágil rostro de porcelana. Una infinidad de veces ha escuchado los estruendosos ladridos de los perros a la media noche, se ha entretenido contado un centenar de vehículos que pasan por su ventana y se ha imaginado el destino de cada uno...Ya es más de las cuatro de la madrugada y hoy ha visto sombras furtivas a través de la ventana y ha confundido con pasos el ruido de la madera que se comprime. ¡Insomnio! estás nuevamente aquí, sin dar tregua alguna. Andrea una vez más luce débil y rendida a tus pies.Las horas pasan, la noche lo cubre todo con su manto eterno... El engaño de un amor, la enfermedad de su madre y aquél no saber qué hacer con su vida, son algunos de los motivos que mantuvieron los párpados de Andrea abiertos durante tantas noches.Pero hoy es diferente...siente que el insomnio vino para quedarse y llora desconsoladamente. Anoche falleció su madre y hoy Andrea se siente sola. Mira el techo bañada en lágrimas, se da vueltas en la cama como intentando sacudirse el dolor del alma, pero el sufrimiento se ha petrificado en su espalda. Odia al insomnio por arrebatarle el único remedio para el dolor, pero hoy siente que no puede odiarlo...al final es ahora su única compañía. Entonces lo espera como al último aliado que llega… Éste atraviesa la ventana y se detiene “¿quieres conversar?” pregunta el insomnio mirando los derruidos párpados de Andrea. Ella no responde, sólo le toma la oscura mano y se acurruca en su regazo como las miles de veces que su madre logró hacerle conciliar el sueño. Por hoy, Andrea lo ha conseguido y ahora duerme en el abrazo amniótico del insomnio.


