Gaza, La trampa del sacrificio

De acuerdo con dicha tesis, los dirigentes políticos o militares tienden a aferrarse a conflictos perdidos a fin de evitar que sus pueblos se cuestionen el porqué de tanto sacrificio en vano. Los políticos que han sacrificado a sus hijos en aras de un objetivo absurdo, prefieren continuar el...

De acuerdo con dicha tesis, los dirigentes políticos o militares tienden a aferrarse a conflictos perdidos a fin de evitar que sus pueblos se cuestionen el porqué de tanto sacrificio en vano. Los políticos que han sacrificado a sus hijos en aras de un objetivo absurdo, prefieren continuar el conflicto antes de reconocer que se han equivocado y que todo el sufrimiento causado carece de sentido. Para ellos, es preferible continuar luchando antes que reconocer un error y, cuanto mayor sea el precio pagado, mayor será su incapacidad para comprender las consecuencias de su conducta.  Este tipo de “trampa” es muy común en el área militar, en la que los generales prefieren seguir combatiendo a pesar que la batalla este ya perdida, debido a la incapacidad de reconocer su equivocación. Durante la Primera Guerra Mundial, generales de ambos bandos continuaron la guerra de trincheras a pesar de saber que no tenía sentido, tan solo para evitar que la opinión pública preguntara cuestiones embarazosas; al igual que en la guerra de Vietnam, los generales norteamericanos continuaron causando estragos cuando estaba claro que carecía de sentido seguir luchando por una causa perdida, por el simple motivo de que “¡después de haber perdido 54 mil soldados no podemos abandonar ahora!”. Lo mismo ocurrió durante la década de los 80 cuando el ejercito israelí se negó a retirar sus tropas del Líbano, solo para esquivar preguntas incomodas.  Esta misma estructura mental rige hoy en Israel y es uno de los motivos principales por la que esta guerra continuará hasta que alguna potencia internacional tome las riendas y ponga fin a esta locura.  A esta altura de los combates, es evidente que esta contienda no tienen sentido, por el solo hecho de que Israel es incapaz de destruir a Hamas. Ni siquiera puede alcanzar el objetivo minimalista que se propuso: desmantelar el arsenal de Hamas.  La prueba es que después de tanto bombardear, los misiles de Gaza continúan volando sin cesar. Pero a pesar de ello, el argumento mas popular entre aquellos que instan al gobierno a continuar su operación militar es que “después de haber derramado tanta sangre, no es factible acabar la guerra sin más, sin una victoria contundente”. Negociar una tregua con Hamas es considerada una postura inaceptable, ya que “hay que aniquilar al enemigo”, aunque solo sea en honor a los caídos, o por respeto a los padres de aquellos que perdieron la vida “luchando por la patria”.Cada dirigente necesita justificar sus guerras y la mejor manera de justificarlas es continuarlas. En su imaginario, todo lo que hace falta para ganar la batalla es un pequeño esfuerzo más, y ese “pequeño esfuerzo” conduce siempre, indefectiblemente, a un pantano que cobra mas vidas y hace mas difícil finalizar la contienda. El gobierno se enroca en esta postura a sabiendas que de lo contrario puede pagarlo caro en las próximas elecciones. Es por ello que el gobierno israelí no puede admitir que todo esto carece de sentido y continua inventando razones o pretextos inauditos para seguir su operación militar sin saber hasta cuando.Esta actitud irracional nos ofrece una de las explicaciones de la incapacidad israelí de acabar con el conflicto, ya que en el subconsciente colectivo activa una voz destructiva, una “pulsion de muerte”, si usamos el clásico concepto freudiano, que los induce a continuar sacrificando “un poco más”, con tal de no reconocer el pantano en el que están hundidos. Meir Margalit es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, reside en Jerusalén, donde es un activo militante del campo por la paz israelí.


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