El enemigo inadvertido
Otro dato derivado de lo sostenido: también están contaminadas de la balcanización, es decir, asumen su batallar restringido a las fronteras estatales. No asimilan la idea-fuerza, según la cual, nuestra América es una sola. No captan que se fragmenta por intereses de las clases...
Otro dato derivado de lo sostenido: también están contaminadas de la balcanización, es decir, asumen su batallar restringido a las fronteras estatales. No asimilan la idea-fuerza, según la cual, nuestra América es una sola. No captan que se fragmenta por intereses de las clases dominantes locales y por los imperios a los cuales les conviene negociar aisladamente con cada república y evitar que estas se coaliguen.El discurso de esas izquierdas del siglo XX siempre es “anti oligárquico” y “antimperialista”. Hubo excepciones. Imposible negar que se hacen pro imperialistas -y de modo grosero- durante la II Guerra Mundial. Durante esa refriega -para apoyar a Moscú y a Washington- adhieren a los centros mundiales de poder y acusan de “pro fascistas” a los pocos Estados que intentan conservarse neutrales y tratan de comercializar sus materias primas y alimentos a precio de mercado. Prohíben las huelgas en los yacimientos mineros controlados por consorcios estadounidenses o británicos y, por cierto, también en los sindicatos portuarios. Cualquier sindicalista auténtico es denunciado de “pronazi”.Aceptan -tácita o explícitamente- que cada república es una nación y que quienes se asocian a la pugna libertadora de otras “patrias” del área son combatientes “internacionalistas”. Tales izquierdas se rebelan incompetentes para asumir la necesaria guerra cultural destinada a desenmascarar la patriotería, es decir, ese supuesto “nacionalismo” que es sólo folklore hecho más de desprecio al país vecino que de amor al propio. Incapaces de “despiojarse” hacen causa común con la clase alta en el ayer evitando revisar la historia. En el ahora apoyan a sus respectivas cancillerías en forcejeos con la república vecina. Ello frecuentemente, por litigios limítrofes.En Chile ayer, en los 50, el Presidente Gabriel González promueve un corredor que permita des enclaustrar a Bolivia. Ipso facto, el PC lo acusa de “vende patria”. Esas izquierdas se oponen al ABC propuesto por Perón. Ahora mismo acuden a La Moneda -bajo Piñera y Bachelet- cerrando filas contra Perú y Bolivia. Jamás fomentan el revisionismo histórico. La visión del pasado para nuestras izquierdas es la misma que posee la clase dominante. No hay un esfuerzo por combatir ese adversario que se oculta en las sombras y atrinchera en la amnesia. Me refiero a la patriotería, es decir, al chauvinismo. Se trata de un pseudonacionalismo de Patria Chica que intoxica a millones.El enemigo “enemigo encubierto” jamás mencionado en el discurso de las izquierdas es esa patriotería con la cual la oligarquía con sus amanuenses periodísticos y académicos ha logrado tras dos siglos de adoctrinamiento convencer transversalmente a todos los estratos de nuestra sociedad. No ocurre algo distinto en otros países. Vemos al APRA al iniciarse los 40 en posturas anti ecuatorianas y siempre -igual que los “socialistas” mapochinos favoreciendo el armamentismo. Quizás engolosinados por el parlamentarismo teman perder sufragios si asumen una postura contraria a la patriotería como la asumieran en la I Guerra Mundial Jean Jaures, Carlos Liebnecht y Vladimir Lenin al interior de la socialdemocracia.


