El caso Pilcomayo

Han hablado de este asunto personajes de distintos rangos, desde ministros hasta secretarios de despachos municipales, pero no son sus rangos ni jerarquías lo que nos debe interesar, sino saber con certeza si las aguas del rio Pilcomayo están o no están contaminadas.Es un tema complejo, porque...

Han hablado de este asunto personajes de distintos rangos, desde ministros hasta secretarios de despachos municipales, pero no son sus rangos ni jerarquías lo que nos debe interesar, sino saber con certeza si las aguas del rio Pilcomayo están o no están contaminadas.Es un tema complejo, porque se combinan los intereses inexcusables de la salud de las personas, con los de esa actividad que a pesar de ser más tradicional que las canciones quechuas, parece que todavía no está bien legislada: la minería.A pesar de tantas declaraciones, a menudo contradictorias, lo evidente es que nada está claro en el que ya podemos llamar “caso Pilcomayo” y que debería ser atendido de inmediato por personal gubernamental del más alto nivel.Porque además el rio Pilcomayo afecta intereses internacionales, puesto que lo compartimos con el Paraguay y con la Argentina, de donde han llegado ya algunas señales de justificada y creciente alarma que no deben ser tratados a la ligera.Según los datos más confiables, lo que sucedió fue que de las “bóvedas” de la empresa minera Santiago Apóstol, en Potosí  fluyen sustancias tóxicas de alta peligrosidad. Esa empresa, según el gobernador de Potosí, Félix González, no cuenta con una licencia ambiental ni una licencia de concesión conforme a norma.Estamos refiriéndonos a noticias que se publicaron en esta última semana, no a situaciones añejas de la época colonial. Todo se ha publicado, aunque en algunas informaciones ni siquiera se puede confiar en el nombre de la empresa minera, porque mencionan a una “Silver & Tin”.Por supuesto que este caso no es el único en el cual las actividades mineras producen problemas de diversa índole, no solamente en nuestro país, sino en Perú, en Colombia y seguramente que también en otros lugares de la región.De los recursos naturales se ha informado que fueron tema en organismos como Unasur y de las actividades extractivas, como la minería, hay mucho por decir, seguramente más cosas negativas que positivas.En octubre se cumplirán 62 años de la estatización de las minas bolivianas y por eso nada justifica que ahora sigamos teniendo problemas como el del rio Pilcomayo, que está resultando víctima de lo que hace más de medio siglo debería haberse hecho bien.Nunca es tarde para remediar errores que están a la vista, por comisión o por omisión.  El “caso Pilcomayo”


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