La verdad, esa víctima
Y quien alude al antónimo de verdad, o sea “mentira”, es Fidel Castro Ruz, que no necesita presentación, porque es uno de los personajes más mentados en todo el mundo desde hace más de 50 años.Como es posible leer aquí mismo lo que escribió Fidel Castro, ocupémonos de la mentira, que...
Y quien alude al antónimo de verdad, o sea “mentira”, es Fidel Castro Ruz, que no necesita presentación, porque es uno de los personajes más mentados en todo el mundo desde hace más de 50 años.Como es posible leer aquí mismo lo que escribió Fidel Castro, ocupémonos de la mentira, que tiene muchas variedades, incluida la propaganda, pero ninguna es inofensiva o inocua, todas hacen daño.Para disfrazar las mentiras, especialmente las que tienen que ver con la política, se las suele llamar en forma eufemística “información orientada” y, en algunos medios de comunicación social, (no en todos, felizmente), se cobra por divulgarla.Alguien dirá que es casi “natural” que eso suceda en este mundo convertido en un mercado globalizado y virtualmente teologizado, pero con la mentira pasa algo parecido que con la violencia, la mentira simple se institucionaliza y luego se vuelve un mal estructural irremediable.Por eso no diferenciamos las mentiras grandes, como las denunciadas por Fidel al referirse a la “supuesta” negativa de Cuba para recibir asilado a Edward Snowden, de la “información orientada” que divulgan medio de comunicación locales.Hagamos otra precisión: La veracidad es el mayor patrimonio que puede tener un medio de comunicación social (preferimos llamarlos así y no “medios masivos”) pues cuando pierde credibilidad es mejor que desaparezca. Digamos, entonces que es su único patrimonio.Por eso la credibilidad es un valor real y no solamente un asunto de forma, como parecen creer quienes contratan o son contratados para divulgar esa propaganda llamándola “información orientada”. Y sobre eso se puede teorizar hasta el cansancio.Actualmente en el mundo tenemos muchos problemas de enorme magnitud, que deberían captar nuestra mayor atención, entre ellos lo que pasa en Siria y en el Golfo de México. Para atender en forma debida esos asuntos necesitamos información que sea totalmente veraz y confiable.Especialmente la información que está relacionada con los posibles (y probables) conflictos bélicos y, por supuesto, también con el petróleo, que sigue siendo el ingrediente indispensable en esas guerras o ruidos de guerra de los cuales estamos hablando.Y como nos hemos permitido identificar la mentira con la violencia, reiteremos que eso no es de ninguna manera especulación nuestra, sino una tesis apasionante del sociólogo noruego Johan Galtung, uno de los fundadores y protagonistas más importantes de la investigación sobre la paz y los conflictos sociales.Solamente el pensamiento crítico nos puede blindar contra esas mentiras “inocentes”, contra las mentiras “institucionalizadas” o contra las mentiras “estructurales”. Estas últimas suelen ser producto directo de la propaganda y la publicidad, de las cuales nos ocuparemos luego.Por ahora ocupémonos directamente de saber más sobre la difícil situación de Siria y sobre la no menos difícil situación de nuestro propio departamento. Hagámoslo con pensamiento crítico, por supuesto.


