Desde Yasuní a Surinam

Se armó así un tenso debate: Por un lado, está el gobierno que ha decidido explotar los yacimientos petroleros. Por otro, está la gran mayoría de ambientalistas locales y extranjeros exigiendo que esos recursos no se toquen, o que no los toquen “otros”.¿Cómo puede el gobierno...

Se armó así un tenso debate: Por un lado, está el gobierno que ha decidido explotar los yacimientos petroleros. Por otro, está la gran mayoría de ambientalistas locales y extranjeros exigiendo que esos recursos no se toquen, o que no los toquen “otros”.¿Cómo puede el gobierno ecuatoriano satisfacer las legítimas y perentorias demandas sociales sin caer en la voracidad del sistema capitalista, que no se interesa por el consumo equitativo, sino por el consumismo de unos pocos a costa de la carencia de las mayorías?Escribía Samir Amín, uno de los pensadores neo marxistas más importantes de su generación que “el concepto de capitalismo no se reduce al de ‘mercado generalizado’ sino que sitúa su esencia en el poder más allá del mercado”. Está en la política.No tiene nada de extraño, entonces, que el petróleo, que es el combustible esencial del capitalismo (y lo ha sido en el último siglo) provoque controversias y conflictos en cualquier parte del mundo. En Egipto, en Medio Oriente, en México, o en el Parque Yasuní.El mismo Amín, en su obra “El capitalismo senil”, vaticina que la sucesión de crisis que vive el sistema capitalista no es terminal, porque se “recompondrán” nuevas formas de explotación del centro a la periferia.En esa periferia –dice- surgirán bloques regionales que sustituirán al poder nacional, pero aun así la equidad y el “mejor vivir”, tan anhelados, tendrán que  seguir enfrentándose al consumismo que fue convertido por el capital en un paradigma falsamente ligado al “desarrollo.Esto no quiere decir, fatalmente, que la población del Parque Yasuní deba resignarse al despojo y a la extinción, para que de sus tierras brote el “oro negro”. Lo que pueden hacer es gestionar para que sean ellos, los habitantes del Yasuní los que se beneficien y no corporaciones capitalistas.Es una idea revolucionaria, pero no es inédita. “La propiedad privada puede tomar muchas formas, y no tiene que ser exclusivamente individual, ni necesariamente derivar en procesos de mercado. Sobre esta materia escribió la recientemente fallecida Premio Nobel Elinor Ostrom. Ella no se refería al Parque Yasuni, por supuesto, pero ya hay personas acuciosas que están rescatando esos conceptos para aplicarlos al destino del parque, que quiso ser preservado por el gobierno de Rafael Correa, pero no lo colaboraron.Por eso, el futuro del Parque Yasuní debería ser uno de los temas centrales en nuestras instituciones de integración regional, en UNASUR, por ejemplo, pero no solamente para debatirlo, sino para encontrar y aplicar modelos propios para que el pueblo se beneficie de esa riqueza.La próxima cumbre de UNASUR, en Surinam, está muy próxima y ya tiene algunos temas programados, entre ellos Malvinas, homenaje a Hugo Chavez y otros. El del Parque Yasuní es también un tema muy importante. Y muy urgente.


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