Seguridad y soberanía alimentaria
Por eso es que se diferencia ahora “seguridad” de “soberanía” alimentaria y mientras no se tenga claridad con ambos conceptos, persistirán algunas confusiones, que, naturalmente, no son de poca importancia.Mientras que la seguridad alimentaria se refiere a garantizar el...
Por eso es que se diferencia ahora “seguridad” de “soberanía” alimentaria y mientras no se tenga claridad con ambos conceptos, persistirán algunas confusiones, que, naturalmente, no son de poca importancia.Mientras que la seguridad alimentaria se refiere a garantizar el aprovisionamiento de alimentos, la soberanía alimentaria se entiende como la facultad de cada pueblo para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria.Aquí es donde aparecen los debates, cada vez más intensos, sobre la conveniencia o el peligro de utilizar, por ejemplo, semillas transgénicas, puesto que su manejo está controlado por corporaciones transnacionales y no por los gobiernos. Esa tecnología agropecuaria demanda, también, grandes extensiones de terrenos aptos para otros cultivos y los concentra en uno solo, como el de la soya, que ya es “dominante” en varios países, entre ellos Bolivia. Otro de los factores destacados para la inseguridad alimentaria es, según expertos de la FAO y otras organizaciones, el déficit de agua, que ya ha comenzado a provocar el aumento de las importaciones de grano por parte de numerosos países pequeños.Nosotros ya estamos importando la mayoría de algunos granos que nuestra población consume, concretamente la harina de trigo para elaboración del pan, y ese es un inocultable indicio de inseguridad alimentaria, que es un tema que en el futuro privilegiaremos.Porque a partir de la crisis alimentaria del 2007 el acceso a los alimentos se convirtió en una preocupación urgente para quienes formulan políticas gubernamentales así como para los movimientos sociales.En el presente, un estimado de 642 millones de personas son consideradas crónicamente hambrientas en Asia y el Pacífico, 265 millones en Sub-Sahara África, 53 millones en Latinoamérica y el Caribe.En forma paralela, como efecto colateral muy importante, en los últimos años ha sido notorio el acaparamiento de tierras aptas para la agricultura, poniendo en riesgo tanto la seguridad como la soberanía alimentaria de varios países. No olvidamos que en Bolivia ya tuvimos nuestra “Guerra del Agua”, que fue, en realidad, solo una batalla, que ni siquiera ahora podríamos asegurar que la hayamos ganado completamente.Quedamos entonces en que, sin descuidar los temas energéticos y otros sobre los cuales hay que mantener permanente control social, comenzaremos a dedicarle más tiempo a la seguridad alimentaria.Para concluir, es pertinente informar que el CEDEM, una institución académica de Cochabamba, está programando un curso específico sobre Seguridad Alimentaria, para iniciarlo la próxima semana.Los organizadores dicen que el curso analizará las causas inmediatas históricas y estructurales que han provocado el alza de los precios de los alimentos, como la Revolución Verde, el Ajuste Estructural, y el Crecimiento del Complejo Agroindustrial, entre otras.Vale la pena informarse más sobre todo esto.


