Calidad de la democracia

los anales de las revoluciones y las guerras, la literatura en torno a la vida y obra de santos y patricios, las biografías de los forjadores y los precursores; las construcciones monumentales, algunas maravillas científicas y los hallazgos tecnológicos completan el cuadro.Únicamente una...

los anales de las revoluciones y las guerras, la literatura en torno a la vida y obra de santos y patricios, las biografías de los forjadores y los precursores; las construcciones monumentales, algunas maravillas científicas y los hallazgos tecnológicos completan el cuadro.Únicamente una mente científicamente fuera de serie como la de Carlos Marx, entrenada para navegar en la abstracción, pudo descubrir que todo aquello era sólo derivado y aparente, y que lo decisivo en la evolución de la sociedad son las relaciones de producción es decir, la vida material, en particular la economía.Ajeno a cualquier reduccionismo y consciente de la dialéctica entre unos y otros elementos y de la relatividad de todo lo humano, incluso de sus propias afirmaciones, Carlos Marx y su amigo Federico Engels tuvieron especial cuidado en no exagerar el significado del factor económico en el desarrollo social, lo cual no pudo impedir que lo hicieran sus exégetas.Lenin, que bajo los apremios de la actividad contrarrevolucionaria, la agresión extranjera y la enfermedad, prácticamente no tuvo oportunidad para dedicarse a la construcción del socialismo, tarea que recayó sobre Stalin quien dedicó todos sus esfuerzos al despegue económico de la Unión Soviética, en particular de Rusia que, mediante los primeros planes quinquenales, registró un crecimiento económico más espectacular que el de China y de los “Tigres Asiáticos de hoy.Tal vez por ese resultado y por la naturaleza del régimen estalinista, los elementos no económicos, en particular el desarrollo de las instituciones políticas y la base jurídica, fueron relegados, cosa que también ocurrió en Europa oriental. Debido a ello, el socialismo real no logró crear un ambiente democrático, una participación política y un estándar derecho equivalente al crecimiento económico. Si bien una adecuada combinación de tales elementos hubiera permitido al socialismo trascender, el desequilibrio lo condujo al desastre.Es probable que una cabal comprensión de tales procesos y de aquellas experiencias explique la insistencia del presidente Raúl Castro en el desarrollo de las instituciones estatales y políticas de la Revolución Cubana, cometido hasta el presente poco exitoso.Excepto algunas imprecisas sugerencias y el reconocimiento de la necesidad de reformar la Constitución, crear entornos jurídicos apropiados, desempolvar la actividad parlamentaria y relanzar las estructuras de participación popular decisoria, no se hacen explicitas ideas ni se perciben pasos concretos para hacer idóneas las instituciones estatales y políticas, elevar su protagonismo y democratizar la gestión de dirección de la sociedad en su conjunto. No se trata de pedir la aceleración del ritmo de las reformas sino de esperar precisiones sobre la estrategia para el desarrollo del país y de sus instituciones.No es demasiado. Allá nos vemos.


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