Imposible ignorar el carnaval

El carnaval es una invención religiosa neta, porque tiene que ver con la cuaresma. O sea con los cuarenta días previos a lo que la iglesia católica llama la Semana Mayor, o Semana Santa. Pero el sincretismo del carnaval, o sea su “mestizaje”, le guste o no a quienes están eventualmente...

El carnaval es una invención religiosa neta, porque tiene que ver con la cuaresma. O sea con los cuarenta días previos a lo que la iglesia católica llama la Semana Mayor, o Semana Santa.

Pero el sincretismo del carnaval, o sea su “mestizaje”, le guste o no a quienes están eventualmente en el gobierno, es mucho más amplio. Quienes conocen más del asunto, porque para todo hay “expertos”, identifican al carnaval como la fiesta de “Momo, Baco y Arlequín”. Vamos con orden.

Momo, para los antiguos griegos, era el dios del sarcasmo, la burla y las bromas, y de esa misma mitología procede el más popular Baco, que era el otro nombre de Dionisio. Poco se dice de Baco como divinidad de la agricultura y del teatro, porque su popularidad está más relacionada con el vino (que según los griegos había sido inventado por él) que provocaba el éxtasis y hasta la locura. A eso conducían las “bacanales” o fiestas de Baco, raíces originarias del carnaval actual.

Falta otro componente carnavalero europeo: Arlequín que era  uno de los personajes clásicos de la Comedia del Arte, un tipo de teatro improvisado aparecido en Italia en el siglo XVI.

Hasta aquí todo es de origen europeo, pero decíamos que el carnaval es un evento cultural mestizo y por eso nos falta destacar el componente llamémosle “originario”, que no está en las bacanales que son muy probables durante esta fiesta, sino en la “challa” infaltable en el martes de carnaval boliviano, cuando utilizando hojas de coca, junto con el licor báquico (no importa que sea china en vez de vino), se le rinde homenaje a la Pachamama con un ritual en el que están mezclados componentes culturales netamente indígenas, con rezos y oraciones de origen europeo. En resumen, el carnaval es una festividad incuestionablemente hibrida, mestiza, sincrética, o como prefieran llamarla, porque ya no hay tiempo ni espacio aquí para debates lingüísticos o semánticos.

Tengamos presente todo esto, (le guste o no al gobierno nacional), cuando tomen fuerza las comparsas, los disfraces (el pepino es un descendiente directo del arlequín), para el domingo 10 de febrero, que será Domingo de Carnaval, para el martes de challa o el miércoles de ceniza. Tratemos, también, de evitar bacanales, porque serían copias vergonzantes de las originales (no conocemos las originarias) y preparémonos para el siguiente evento sincrético, o sea la Semana Mayor, cuarenta días después del Carnaval.

Claro que también podrimos dedicar nuestra atención a otros temas. La nuevamente postergada Cumbre Energética Departamental, por ejemplo.

De ahí en adelante, ya es cuestión de gustos

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