Nosotros y las corporaciones
Y no vamos a insistir en que lo que “nos sucede” es calamitoso. No hacen falta más pruebas.Para comenzar, digamos que una corporación o sociedad corporativa es una entidad jurídica creada bajo las leyes de un Estado como una entidad legal separada que tiene privilegios y obligaciones...
Y no vamos a insistir en que lo que “nos sucede” es calamitoso. No hacen falta más pruebas.Para comenzar, digamos que una corporación o sociedad corporativa es una entidad jurídica creada bajo las leyes de un Estado como una entidad legal separada que tiene privilegios y obligaciones diferentes a la de sus miembros. Esta asociación formal, reconocida como persona jurídica y amparada por el derecho de sociedades, cuenta con sus propios privilegios y responsabilidades distintos a aquellos de sus miembros que son las personas naturales.Hay muchos tipos de corporaciones, la mayoría con fines de lucro. Así, una corporación puede ser un ayuntamiento, una universidad, una iglesia, una ONG, una empresa, un gremio, un sindicato o cualquier otro tipo de persona colectiva. En la práctica, dicho término se utiliza, primordialmente, para referirse a una entidad comercial, establecida de acuerdo a un marco legal, pero “marcos legales” tienen también los paraísos fiscales y por eso allí se instalan corporaciones que luego pueden presentarse como estadounidenses, españolas, turcas o con cualquier otra etiqueta. Hace poco, la destacada analista Susan George hacía notar que “Las corporaciones quieren que todos los servicios públicos se vuelvan una fuente de lucro, a la vez que no tienen inconvenientes en dejar las pérdidas al sector público”. Decía también que “las nuevas fronteras del asalto capitalista son la salud (a través de los seguros de salud u hospitales con fines de lucro), escuelas (con sistemas de bonos) y cárceles (con una cuota de ocupación garantizada…).Sabemos, y en Bolivia somos víctimas de primera línea, de esa conversión de la mayoría de los recursos naturales en comodities, pero no todos. Gran parte de la tierra y del agua se mantienen fuera del control corporativo, aunque nadie podría asegurar hasta cuándo.El contexto ha cambiado desde 2008, cuando los precios mundiales de los alimentos se elevaron exponencialmente. Ahora el acaparamiento de tierras está arrebatando decenas de millones de hectáreas a quienes tradicionalmente las han trabajado, poniéndolas para el uso corporativo, destinado a la exportación. El agua es vista como un producto capitalista perfecto: es indispensable, no puede ser sustituido y su mercado crece a medida que crece la población.Para no quedarnos en la rabia ni en la protesta estériles, pensemos en lo que la misma Susan George propone para enfrentar este peligrosísimo auge corporativo global. “El debate y la discusión son necesarios para que la gente se dé cuente que en el fondo, sindicalistas, campesinos, ecologistas, mujeres, estudiantes, académicos, jubilados y otros tienen las mismas necesidades y comparten los mismos intereses. No necesitamos ponernos de acuerdo en todo para hacer algo juntos” Ya está dicho. Ahora hay que hacerlo y nosotros volveremos sobre el tema, pronto.


