Rio+20 nos ha defraudado
Existen hoy gentes lúcidas en todos los campos del saber que, con rigor y responsabilidad, vienen denunciando la barbarie a que el proyecto vigente nos ha llevado: guerras de dominio de unos pueblos sobre otros y guerra implacable contra el Planeta Tierra. La visión imperialista de...
Existen hoy gentes lúcidas en todos los campos del saber que, con rigor y responsabilidad, vienen denunciando la barbarie a que el proyecto vigente nos ha llevado: guerras de dominio de unos pueblos sobre otros y guerra implacable contra el Planeta Tierra. La visión imperialista de ciertas naciones y la economicista neoliberal de las mismas no parecen aprender nada de la experiencia desastrosa del pasado. Detrás de todo comportamiento –individual o colectivo- hay una visión de la realidad, y si esa visión no se cambia no se cambia el comportamiento. La ideología liberal, siempre y con singular magnitud tecnológica en los tiempos modernos, nos coloca frente al semejante –persona, pueblo, región, continente- como enemigo con el que hay que competir y al que hay que someter. La igualdad y la fraternidad quedan despreciadas: “homo homini lupus”. El planeta Tierra es visto como un inmenso botín, extraño al hombre y por debajo de él, que hay que conquistar y del que hay que apropiarse con el mínimo esfuerzo y el máximo beneficio. La Tierra no es vista como la gran Madre de todo lo viviente, sin la cual nadie puede vivir y en la que todos estamos relacionados y somos interdependientes, que tiene recursos limitados y a la que debemos respetar y cuidar como nuestra Casa. Esta visión cosmológica mercantilista y de conquista de personas, de pueblos y de la Tierra, es la que ha creado la situación actual donde un 20 % de la población mundial controla y consume el 80 % de todos los recursos naturales. Y, por mantener esa desigualdad, esa minoría dominante mantendrá una economía y política devastadoras, sin esperanza ni puertas para el futuro. La Río+20 defraudó, como era de esperar, pero existe la visión de una fraternidad universal y de una hermandad estrecha de la Humanidad con el planeta Tierra que fundamentan y exigen un nuevo comportamiento.*Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo.


