Mi fe
Creer que Dios existe; si nos preguntamos si hay sed, tiene que haber una fuente de agua; si hay luz y rayos sabemos que está el sol por sus destellos; si hay nostalgia de Dios es que existe Dios.Abraham es el padre de la fe, tenía todo y todo lo deja para seguir al Señor en un futuro...
Creer que Dios existe; si nos preguntamos si hay sed, tiene que haber una fuente de agua; si hay luz y rayos sabemos que está el sol por sus destellos; si hay nostalgia de Dios es que existe Dios.Abraham es el padre de la fe, tenía todo y todo lo deja para seguir al Señor en un futuro incierto.Nuestra fe es infantil como la de Zacarías frente al arcángel Gabriel (Lc.1-12), buscamos signos, pruebas, milagros para creer; en cambio la fe de la Virgen María era fe adulta, da el salto sin apoyos frente al arcángel: “Hágase lo que has dicho, he aquí la esclava del Señor” (Lc.1-38).María salta por encima de las coordenadas del sentido común, porque Dios lo puede todo. Es bonito creer en la luz cuando es de noche, es bonito creer en el amor cuando te sientes amado, pero la fe te da la certeza de creer aunque no veas, la fe adulta es la que dice: ¡Yo creo en ti Señor, aunque la tristeza, la injusticia, el llanto, la maldad, pueblen el mundo! ¡Yo creo! Esa es la fe que mueve montañas, es el hombre que se lanza a los brazos del Padre sin ver, por eso la fe es el acto máximo del amor.Nuestra fe es infantil, siempre habrá algo que nos estemos preguntando, buscando explicaciones, dudando.Al asumir a Cristo se asumen sus palabras, sus criterios, sus leyes. En la fe está contenido todo el misterio cristiano. Los pilares de la vida cristiana son la fe, la esperanza y el amor.Somos peregrinos, caminamos en la noche de nuestra vida con el farol de la fe y de la esperanza, pero cuando salga el sol de la eternidad que nunca se pondrá, solo quedará el amor.Después de estas consideraciones cabe preguntar ¿cómo es tu fe?Qué lástima de ver a algunos que tienen fe en el número trece, en la herradura tras la puerta, en el elefante de marfil, en una mascota mas o menos ridícula…Quizás crean más los incrédulos en sus supersticiones que algunos cristianos en Cristo. Nuestra confianza la ponemos en el médico, en el arquitecto, confiamos en el hombre que puede, que sabe, que quiere ¡pero que poco confiamos en el Señor, por quién puede, sabe y quiere el hombre; que puede algo, que sabe un poco!¡Señor aumenta mi fe!


