La quinua y el gato pardo
también de distinto tamaño y pelaje. Pero el hambre sigue y golpea cada día a más personas en el mundo. Muchas de esas personas son bolivianas y particularmente compatriotas del “rico” Potosí.En medio de semejante barullo, nos llamó la atención un informe de Cedla, que indica que en...
también de distinto tamaño y pelaje. Pero el hambre sigue y golpea cada día a más personas en el mundo. Muchas de esas personas son bolivianas y particularmente compatriotas del “rico” Potosí.En medio de semejante barullo, nos llamó la atención un informe de Cedla, que indica que en Bolivia se consume solamente la décima parte de la quinua que se produce aquí. Y no es porque ya los gringos hubieran patentado también su consumo (que lo harían con mucho agrado, si pudieran), sino porque las organizaciones campesinas se pasan más tiempo en controversias políticas que ocupándose de la alimentación, de la seguridad alimentaria, para emplear la forma “moderna” de referirse al asunto.Resulta ocioso repetir que la quinua es un alimento americano excepcional, que contiene todos los aminoácidos, proteínas y nutrientes ausentes de los “tradicionales” fideos con los que ha sido en gran medida sustituida la quinua en la alimentación boliviana.Aunque pensándolo bien, no deberíamos sorprendernos, porque los mayores de 50 años ya vivimos aquella insólita experiencia de comer en Bolivia papas importadas de Holanda, porque toda la fuerza laboral campesina estaba capturada por la explotación minera, en aquel entonces acaparada por tres “barones”, y ahora en similar situación pero ya no por esos barones, sino por corporaciones transnacionales.Entonces, la información sobre la quinua que comentamos es gatopardista, pero no insólita. Gatopardismo no significa una concurrencia habitual al café de la plaza Luis de Fuentes, llamado El Gato Pardo, sino “cambiarlo todo, para que nadie cambie”. Alude a la novela del escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa llamada también El gatopardo. La cita original expresa la siguiente contradicción aparente:“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.Desde entonces, en ciencias políticas se suele llamar “gatopardista” al político, reformista o revolucionario que cede o reforma una parte de las estructuras para conservar el todo sin que nada cambie realmente.Algunos dirán que son analogías forzadas, pero quienes sabemos la historia de las papas importadas de Holanda, para que sean consumidas en Uncía, Catavi o Llallagua, nos damos cuenta de que muy pocas cosas han cambiado, desde cuando 13 personas un 7 de junio resolvieron el año 1.942 fundar un partido político nacionalista. Pero sobre eso ya se ha escrito y se ha publicado mucho, así como se siguen publicando cantaletas de toda laya sobre el mentado “cambio”, que ojalá no sea cambiar para en vez de papa holandesa importar quinua de los Estados Unidos, donde por cierto se consume más quinua que en Bolivia y también ya se está produciendo. Estados Unidos es el tercer productor de quinua en el mundo, después de Bolivia y Perú.Mejor, volvamos al Gato Pardo.


