Vigilar a los vigilantes
Por eso, enterarse el mismo día, por el mismo periódico, de dos casos de corrupción (no merecen otro nombre) que afectan al cooperativismo, alarman justificadamente.Vamos a evitar generalizar, pero es inocultable que muchas “cooperativas” operan en forma totalmente distinta a los que...
Por eso, enterarse el mismo día, por el mismo periódico, de dos casos de corrupción (no merecen otro nombre) que afectan al cooperativismo, alarman justificadamente.Vamos a evitar generalizar, pero es inocultable que muchas “cooperativas” operan en forma totalmente distinta a los que proclaman como sus “principios” de organización.Porque por definición una cooperativa debería ser lo que la enciclopedia dice que es, o sea “una organización social vinculada directamente con la comunidad que la rodea y en la cual posee una participación activa dentro de la vida política de la misma. La solidaridad y el beneficio mutuo no radican solamente en mejoras sustanciales para los asociados de la cooperativa, sino también en la mejora de la calidad de vida de los habitantes de la comunidad. La participación activa de las cooperativas en la vida de la comunidad es plena aplicación de este principioLas cooperativas, según la misma fuente (Wikipedia) “promueven los valores éticos de la honestidad, transparencia, responsabilidad social y compromiso con los demás”. Suena hermoso, pero es totalmente falso cuando nos referimos concretamente a algunas cooperativas bolivianas.Las cooperativas mineras, por ejemplo, según los datos del Ministerio de Minería y Metalurgia, son las que menos tributan por la explotación de metales. “Sólo pagan el 60 por ciento de la Alícuota cuando se realiza comercialización interna; además no pagan IUE (Impuesto a las Utilidades de las Empresas) ni la alícuota adicional al IUE”, señala otro documento.Claro que no solamente las cooperativas actúan irregularmente en la minería, el caso de San Cristóbal, donde opera una transnacional de origen japonés, ha causado tantas denuncias que es ocioso reiterarlas. No son solamente las “cooperativas” mineras las que deshonran su condición. Muchos servicios públicos han optado por el modelo cooperativo para organizarse y también hacen lo que se les antoja con los supuestos “servicios”.A esta altura comienza a preocupar más que esos inicuos casos denunciados, el silencio de la autoridad que debería vigilar y controlar a las empresas cooperativas para que cumplan lo que ellas mismas dicen ser:Parece que nadie lo está haciendo. Antes, existían para esa función las superintendencias, pero en el modelo “pluri” ellas desaparecieron y fueron sustituidas por “autoridades”.Si existe alguna que tenga la obligación específica de vigilar a las cooperativas, no lo está haciendo y en ese vacío es donde deberían actuar mecanismos de control social como los comités cívicos, por ejemplo.Pero ya sabemos que especialmente en el caso de Tarija eso es un sarcasmo, porque aquí las organizaciones cívicas, en vez de vigilar a las entidades públicas, están ellas mismas necesitando rigurosa vigilancia. Pasa como en el colegio (a propósito del día del Maestro): Si en un curso de treinta alumnos se aplazan dos, hay que preocuparse por esos dos, pero si se aplazan 28 hay que preocuparse por el profesor.Ahora habrá que vigilar también a los vigilantes.


