Cuando los plazos se cumplen

sólo asuntos de protocolo: la Asamblea General de la OEA.Rio más 20 es una conferencia organizada por las Naciones Unidas y se llama así para conmemorar el 20 aniversario de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medioambiente y Desarrollo celebrada también en Rio de Janeiro en 1992. Y al...

sólo asuntos de protocolo: la Asamblea General de la OEA.Rio más 20 es una conferencia organizada por las Naciones Unidas y se llama así para conmemorar el 20 aniversario de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medioambiente y Desarrollo celebrada también en Rio de Janeiro en 1992. Y al mismo tiempo se recordarán los diez años de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo en 2002.Se hablará mucho de desarrollo y de medio ambiente, pero lo real, lo verificable, es que en estos veinte años en esos aspectos el planeta en general no ha avanzado, sino más bien retrocedido y ahora tiene que enfrentar peores retos para su propia supervivencia, amenazada por los mismos desaforados y descontrolados “agronegocios”, ahora etiquetados como  “economía verde”.Es previsible que se produzcan agrios y candentes debates. ¿Soluciones reales? Dudamos mucho.En cuanto a la otra reunión, la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, OEA, que comenzará el próximo lunes en Cochabamba, el canciller David Choquehuanca se anticipó a decir que “aprobará más de 70 resoluciones” Declarar el próximo año “Año de la Quinua”, insistir en nuestra demanda de reivindicación marítima y otra declaraciones sobre la soberanía argentina en las Malvinas, no alcanzan para generar entusiasmo sobre esos tres días de reuniones.Allí, a diferencia de lo que suceda en Rio, dudamos que haya discusiones acaloradas, porque la OEA, además, está pasando por uno de sus peores momentos en sus 64 años de vida y no sólo porque se haya convertido en una organización anodina, sino porque todos sus temas agendados para la próxima semana ya se han debatido y han generado resoluciones en otros foros de integración, como el Alba, Mercosur, Celac y Unasur.  Es previsible, entonces, la repetición de la repetidera.La relación costo-beneficio para la asamblea en Cochabamba (en Tiquipaya, en realidad) es francamente negativa, aún sin considerar los gastos financieros que ocasionará. Queda, además, el temor de que ambos eventos, especialmente el de Cochabamba, distraigan la atención de temas no solamente importantes sino de urgente debate y solución, como, para citar sólo un ejemplo, el de las plantas separadoras de hidrocarburos licuables, esos que se están regalando impunemente al exportar nuestro gas.Los medios de comunicación social no podemos ignorar esos eventos, pero no deberíamos distraer con ellos otros cuya utilidad social es evidente. Para el caso de Tarija, al mencionar la planta separadora de hidrocarburos licuables, por asociación de ideas recordamos la otra planta, la de tratamiento de aguas servidas, por la cual ya solo marginalmente algunos (muy pocos) nos preocupamos. Y nos ocupamos.Y los de ambas plantas son plazos que se han cumplido hace rato.

Más del autor