Socialismo: Arma secreta de Europa

Aun con sus defectos, ninguno más costoso que el stalinismo que deformó el proyecto bolchevique provocando daños irremediables, la existencia de la Unión Soviética y Europa Oriental planteó un reto para las elites políticas del Viejo Continente que al fracasar en los esfuerzos por ahogar...

Aun con sus defectos, ninguno más costoso que el stalinismo que deformó el proyecto bolchevique provocando daños irremediables, la existencia de la Unión Soviética y Europa Oriental planteó un reto para las elites políticas del Viejo Continente que al fracasar en los esfuerzos por ahogar al nuevo orden, tuvieron que emularlo. En parte eso explica el éxito de la socialdemocracia en Francia, Austria, Escandinavia, incluso del laborismo en Gran Bretaña, que optaron por los llamados “estados de bienestar”.A las demandas económicas y las urgencias políticas derivadas de aquellos contextos, se sumó una extraña solidaridad que intentó paliar el desigual desarrollo del Continente. Hoy se sabe que fue erróneo equiparar las economías y las finanzas de Grecia, Portugal y España con las de Alemania, Inglaterra y el resto de los países; lo que nadie sabe es como subsanarlo.Respecto al futuro de la “Zona Euro” o (Eurolandia) existen tres escenarios probables: (1) funcionan las operaciones de salvamento, (2) Grecia es echada de la asociación y arrastra a España e Italia (3) Francia se retira voluntariamente. Lo primero es de pronóstico reservado, lo segundo una derrota para los esfuerzos integracionistas y lo tercero el arma secreta que François Hollande utilizará sólo en una situación extrema.Europa cuenta con finanzas, ciencia, tecnologías y capital humano para salir de la crisis; le falta sin embargo un programa político mediante el cual las élites de capitalistas tecnócratas y especuladores regresen de la ilusión de que pueden hacerlo sin las masas y sin la economía real; por el momento los socialistas tienen mejores respuestas que la derecha y el centro conservador. Allí y ahora, sólo la lógica socialdemócrata pudiera ser una respuesta.Entre los problemas más grave de Europa están los gastos excesivos (públicos y privados) y la merma de los ingresos debido a la indisciplina fiscal y a la pérdida de competitividad y de solvencia. La incapacidad para invertir en I+D, propiciar la expansión y generar empleos no permite que los ritmos de recuperación superen a los de deterioro.La ecuación es simple: cuando las deudas y los gastos rebasan la capacidad de la economía para sufragarlos a largo plazo, se imponen dos acciones: reducir los egresos y aumentar los ingresos, no mediante préstamos, sino generando valores. Esa fórmula que combina austeridad con inversión para el crecimiento es impedida por el Pacto Fiscal Europeo diseñado e impuesto por Merkel, Sarkozy y el Banco Central Europeo y ahora rechazado por los socialistas franceses.La austeridad, una magnífica cualidad de los pueblos germanos, nórdicos, francos, hispanos, eslavos, magiares, helvéticos y otros ha sido deformada por la “sociedad de consumo” que de conquista se ha convertido en maldición. El despilfarro, la indisciplina fiscal, los excesivos y absurdos gastos militares (especialmente en armas atómicas y guerras de agresión) y los estilos de vida estúpidos son los que han conducido a la crisis.De haber sido menos triunfalista, moderado los gastos y consumos superfluos, otra hubiera sido la historia de la Unión Europea y del Euro. El Pacto Fiscal Europeo recuerda la paradoja de quien termina por donde debió comenzar. Gústeles o no: la única esperanza del capitalismo en el Viejo Continente es el socialismo que aunque reformista conserva genes marxistas. Francia rompió la inercia. Allá nos vemos.

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