Hace 200 años
Y por mucho que hagamos en ese sentido, nunca será suficiente.Ese festejo en Bolivia, además, no fue establecido por los gremios de comerciantes, como en varios otros países, donde impulsar las ventas es la intención real de esos “días” dedicados no solo a la madre, sino al padre, a la...
Y por mucho que hagamos en ese sentido, nunca será suficiente.Ese festejo en Bolivia, además, no fue establecido por los gremios de comerciantes, como en varios otros países, donde impulsar las ventas es la intención real de esos “días” dedicados no solo a la madre, sino al padre, a la secretaria, al maestro, así como a “todo lo humano y parte de lo divino”, puesto que el mercado y también el consumismo ya han sido teologizados.Nosotros, los bolivianos, recordamos hoy una batalla de la lucha por nuestra independencia de la corona española (la independencia total está aún luchándose): la Batalla de la Coronilla, en Cochabamba, el 27 de mayo de 1812.El general realista Jerónimo Marrón de Lombera atacó la ciudad después de vencer en la Batalla de Pocona. En Cochabamba fueron principalmente mujeres las que se atrincheraron en la colina de San Sebastián, en el lugar conocido como la Coronilla, donde las tropas realistas eventualmente creyeron que las vencieron.Porque las Heroínas de la Coronilla en realidad ganaron, y no solo en la lucha contra los españoles, sino que ganaron un honroso puesto en la historia latinoamericana, pues con toda justicia se declaró ese día, el 27 de mayo, Día de las Madres.Honrémoslas, entonces.Y no quisiéramos contaminar este comentario, pero es que si no fuera trágico resultaría cursi que el gobierno de los Estados Unidos una vez más haya emitido resoluciones calificando “el respeto a los derechos humanos” en el resto del mundo.Al hacerlo no se percata, no quiere percatarse, de la viga que tiene en su propio ojo, por los constantes atropellos no solo a los derechos humanos formales, sino por genocidio reiterado en varios lugares del planeta, donde los derechos humanos han sido sangrientamente violados en forma explícita y descarada, como en Irak y en Libia últimamente, o en Hiroshima y Nagasaki hace más de cincuenta años, para dar solo unas muestras a manera de ejemplo.Esa actitud soberbia del Departamento de Estado no es excepción, sino norma, y se repite rutinariamente cuando “certifica” a los países que luchan contra la peste del narcotráfico, mientras en los Estados Unidos cada día crece el masivo consumo de narcóticos y drogas sicotrópicas de toda índole, sin que para nada importe que sean legales o ilegales.Ese fariseísmo del gobierno estadounidense es ofensivo, pero seguramente ni lo mencionarán en la asamblea de la OEA, la próxima semana, para la cual solamente hemos sabido que movilizarán ejército y policía a fin de reforzar “la seguridad” en Tiquipaya.Lamentable que esa mismo heroica Cochabamba, que conoció el glorioso comportamiento de las mujeres en la Coronilla, ahora, 200 años después, tenga que recibir a los que dirigen la Organización de Estados Americanos, que de gloriosa no tiene, por supuesto, ni un ápice.Nos permitimos, por eso, para concluir y aunque no nos corresponda, pedir disculpas a las hijas de las inolvidables Heroínas de la Coronilla.


