Reflexiones desde el Cursillo: El trabajo
La invitación de someter a la tierra hecha por Dios (GN. 1- 28) al inicio de la historia de la salvación, reviste un interés decisivo y siempre actual. La creación es don de Dios encomendado a la criatura humana para que cultivándola y conservándola con esmero, pueda proveer a sus...
La invitación de someter a la tierra hecha por Dios (GN. 1- 28) al inicio de la historia de la salvación, reviste un interés decisivo y siempre actual. La creación es don de Dios encomendado a la criatura humana para que cultivándola y conservándola con esmero, pueda proveer a sus necesidades. Fruto del trabajo es el pan de cada día, que pedimos en la oración del Padre Nuestro.El Papa Juan Pablo II dijo: “En cierto sentido se podría decir que mediante el trabajo, el hombre se hace más hombre. Precisamente por eso la laboriosidad es una virtud. Pero para que la laboriosidad permita efectivamente al hombre hacerse más hombre, es preciso que vaya siempre unida, al orden social del trabajo. Solo de esta manera se salvaguardan la dignidad inalienable de la persona y el valor humano y social de la actividad laboral”.El trabajo debe ser un ideal de santidad en el mundo, una plasmación concreta de la vocación que Dios dispone para cada hombre y mujer, precisamente a través del trabajo de la vida ordinaria, el trabajo es ocasión de encuentro con Dios, es lograr el desarrollo y maduración de la propia vida de construcción de la ciudad de los hombres y de servicio a los demás.Es necesario santificar el trabajo, santificarse con el trabajo y santificar a los demás con el trabajo.Santificar el trabajo significa en primer lugar, hacerlo bien con competencia profesional, con conciencia, poniendo toda nuestra capacidad para realizar un trabajo eficiente, si uno es creyente debe realizarlo como un servicio a los demás.Santificarse con el trabajo significa desarrollar las propias capacidades humanas y sobrenaturales en la vida ordinaria que se convierte en ocasión de encuentro con Dios.Santificar a los demás con el trabajo, implica dar a la actividad laboral un sentido de servicio a los demás, construyendo una ciudad pujante, progresista que sirva como preparación de un mundo mejor para los que vendrán después.Existen dos extremos en cuanto al trabajo se refiere, el exceso de trabajo y el ocio.Desde luego el exceso de trabajo no es bueno, porque todo exceso es malo, no puede ser sano. Trabajar mucho puede ser malo, cuando se lo hace por una simple razón de eficacia económica o ambición o de egoísmo personal; pero puede ser muy bueno cuando se hace con la conciencia de un servicio a una sociedad en la que hay muchas necesidades que requieren ser atendidas.El ocio es otro defecto que demuestra irresponsabilidad, no se trata de convertir la vida en un juego para que sea mas agradable, sino se debe dar un sentido de responsabilidad al trabajo y al descanso, porque tanto nuestro trabajo o nuestra ociosidad repercuten en la sociedad y sobretodo en la familia. No olvidemos que la ociosidad es la madre de todos los vicios.Tenemos derecho al tiempo libre porque es una necesidad para reponer nuestras fuerzas físicas y psíquicas.El tiempo libre no solo debe ser para mi comodidad, mi placer o mi complacencia, sino para compartir con la familia, para actividades de desarrollo de la propia cultura, etc.Un hombre que no trabaja se empequeñece, su personalidad decae y también su prestigio.El trabajo es un deber y un derecho de todo ser humano.


