El nuevo Evo Morales, ablandado y más a la derecha

Si bien sigue enfrentando a las organizaciones indígenas, que ayer se vieron impedidas de iniciar una nueva marcha en defensa del Parque Tipnis, y a los trabajadores que en dos días de huelga mantuvieron viva la conflictividad social del país, la fortaleza presidencial ante la sociedad ya no...

Si bien sigue enfrentando a las organizaciones indígenas, que ayer se vieron impedidas de iniciar una nueva marcha en defensa del Parque Tipnis, y a los trabajadores que en dos días de huelga mantuvieron viva la conflictividad social del país, la fortaleza presidencial ante la sociedad ya no es la misma de hace unos meses. Incluso, hasta los propios huelguistas lo acusan de algo que el mandatario siempre se preocupó de no ser: “neoliberal”. Para el presidente Morales los tiempos que corren no son los mejores desde que llegó a la presidencia en 2006. Una nueva huelga de la Central Obrera Boliviana (COB), de discreto acatamiento pero que concluyó con 10 policías heridos y tres manifestantes detenidos, lo encontró en su lecho de enfermo “por un problema estomacal”, según el vicepresidente Álvaro García Linera, o “una gripe” para varios de sus ministros. Pero lo que parece enfermar más “al hermano presidente”, como hasta no hace mucho llamaban indígenas y trabajadores a Morales, es su bajo desempeño en las encuestas (39%, uno de los niveles más bajos desde que llegó al poder), y el cúmulo de frentes abiertos que no dejan de provocarle cierto estrés. “Desde el tarifazo de finales de 2010 es que el gobierno no logró recuperarse políticamente”, explica el analista Carlos Cordero, para quien “la paradoja del gobierno es que cada día tiene más poder pero se registra más descontento contra el gobierno en la calle”. Incluso enfermo, el presidente logró recuperar cuatro puntos en los sondeos respecto a diciembre último, cuando registró 35%. En estos días, no sólo se registra la huelga de la COB reclamando un aumento del salario de más de mil dólares, sino que se espera la próxima llegada de una nueva marcha al Palacio Quemado (sede del gobierno) en defensa del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), indígenas del Amazonas que se negaron a la construcción de una carretera que uniría a Brasil con el pacífico. “Esta marcha será seguramente la ruptura definitiva con el gobierno de Morales que insiste en avanzar con la carretera”, explicó el politólogo José Luis Santiestevan, quien al igual que otros analistas sostiene que el gobierno buscará legitimar la consulta popular para preguntarle a la población si quiere o no la cuestionada carretera, que provocó ya enfrentamientos entre los indígenas y las fuerzas del orden el año pasado. No en vano ayer un millar de cocaleros, que responden al Evogobierno, bloquearon la ruta amazónica para impedir la salida de la marcha de los indígenas que esperan llegar a La Paz en los próximos días. En lo que a rupturas respecta, el MAS viene evidenciando varias desde la realización de su VIII Congreso partidario el pasado 15 de abril (donde no faltaron los encontronazos a golpes entre las facciones internas) en Cochabamba.De hecho, el sábado último, antes de sufrir la primera indisposición física, Morales le reclamó a sus copartidarios que “dejen de pensar en las próximas elecciones de 2014 y trabajen por el cambio”. “Sigo convencido de que hay compañeros que están algunos con sus banderitas, no están pensando en ser concejales ni alcalde, están pensando en sus hijos; ese es el verdadero militante. Pero algunos están en pugna permanente entre dirigentes, pensando en ser alcaldes o diputados, senadores; se equivocan. A eso también hay que empezar a descolonizar”, dijo el mandatario en Santa Cruz. “Hay evidencias concretas de que los movimientos sociales (avanzan). Esto lleva a que en cualquier momento le pueda surgir una oposición con cierta fuerza que le discuta el poder (a Evo Morales)”, opina el analista Carlos Toranzo. Eso en el frente interno. En lo externo, la reciente Cumbre de las Américas, tuvo al boliviano como uno de los más activos protagonistas. Ya no ese jefe de Estado novel que solía repetir “no me lo enseñó nadie lo aprendí sólo”, con el que remataba sus explicaciones en virtud de su origen social y político, el sindicalismo rural. Más aplomado, esgrimiendo un vocabulario mucho más rico y rápido de reflejos, Evo fue el portavoz de los presidentes (ausentes) del ALBA; pero no se privó de mostrarse todo lo amenamente posible con el colombiano Juan Manuel Santos. Sorprendió a su regreso, cuando respaldó a Repsol, al opinar de la expropiación de Argentina “es un problema de Repsol en Argentina. Nosotros tenemos una relación de mucha confianza con Repsol. Respeta todas las normas bolivianas y las inversiones que está haciendo aquí van bien”, opinó para sorpresa de algunos en el gobierno argentino, que esperaban “un compromiso mayor de Evo”, según confían por lo bajo. Esa postura no obedece a lo trabajoso que fue para su gobierno alcanzar acuerdos mínimos con la petrolera española y con la brasileña, Petrobras, en el 2009. Sino que, como opinan muchos en Bolivia, hay otro Evo, “mucho más moderado, más volcado a las cuestiones esenciales de un gobierno” o, como lo ataca su ex aliado y ex alcalde de la Paz Juan Del Granado, “un Evo más a la derecha” del que llegó al gobierno y siguió, en estos años, amasando poder.

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