El miedo de los medios
¡Vaya ironía! Los que encarnan al defensa de la libertad de expresión quieren limitar sobre lo que dialogarán los convocados a la Cumbre.Hay que preguntarse ¿de qué tienen miedo los medios? ¿No es lo más natural que si creen que están haciendo bien su papel de cara al país, a la...
¡Vaya ironía! Los que encarnan al defensa de la libertad de expresión quieren limitar sobre lo que dialogarán los convocados a la Cumbre.Hay que preguntarse ¿de qué tienen miedo los medios? ¿No es lo más natural que si creen que están haciendo bien su papel de cara al país, a la sociedad y al proceso histórico, que dejen que estos –de los colores e ideologías que sean- hablen justamente de lo bien que lo hacen? ¿Cuál es el temor? ¿No quieren ser evaluados, criticados, cuestionados o, en su caso, ensalzados y bien ponderados? Más al contrario, deberían someterse, esta vez les toca a ellos, al veredicto de la opinión pública, a la que dedican su trabajo día a día.Dirán “es que los que estarán allá son afines a X, Y o Z”. Vamos a suponer que sí. Tendrán que reconocer que esos X, Y y Z representan nomás a un grueso de la población boliviana, que tienen opinión y que sobre todo, son ciudadanos con derechos a la comunicación, a la información, a la libertad de expresión y a la opinión, entre otros.Tampoco es tan cierto aquello que aseguran algunos que la Cumbre será una “fiesta del MAS”, entonces ¿serán del MAS los empresarios privados que han confirmado su participación? Por dar un ejemplo. Ninguna iniciativa está demás cuando se trata de abrir espacios de discusión, diálogo y consenso para proponer los destinos que queremos para el país.Más bien habrá que participar exigiendo que la Cumbre sea lo más amplia y genuina posible, sin manipulación ni fundamentalismos. Que cada sector, desde su perspectiva, tenga la oportunidad de ser escuchado y tomado en cuenta.Una vez más el temor por lo nuevo, por el cambio hace que hayan resistencias, oposición. Si el viejo Estado abría espacios de opinión, análisis y decisión sólo a los letrados, blancos y ligados a las élites económicas y políticas; este nuevo Estado –por si algunos no se han dado cuenta aún- da estas oportunidades a la población y a sus organizaciones sociales.En tal sentido, lo lógico es que en vez de criticar, rechazar y mirar de palco que la historia de les pasa por la acera de en frente –como varias veces ha sucedido: en el Proceso Constituyente, la Ley contra el Racismo y Todas formas de Discriminación, la Ley de Telecomunicaciones- participen, cuestionen bien, pero sobre todo ¡propongan! y propongan cómo asegurar mejor el ejercicio pleno de los derechos en marras, propongan incluso una especie de “pactos sociales” para que nunca más ocurran agresiones desde la sociedad civil a periodistas, comunicadores y medios como lo ocurrido recientemente en Yapacaní. De modo que más que distraerse apuntando dardos a líderes oficialistas, deberían primero hacer un análisis profundo del por qué algunos grupos sociales reaccionan con adversidad al periodismo y segundo, tender puentes para estar del mismo lado. Es que el verdadero periodismo y la comunicación para la democracia están siempre del lado del pueblo, antes que del lado de las élites, cualesquiera sean éstas.Vamos al diálogo, con críticas legítimas, pero también con PROPUESTAS.* Periodista y comunicadora social.


