Recordando a Bizancio

o sea que lo único sobre lo que no hemos percibido controversia ha sido el “dónde”, que aparentemente son lo menos importante, o lo menos controversial. A alguien seguramente se le ocurrió el nombre de “cumbre” para una reunión destinada a discutir temas “sociales”. De entrada,...

o sea que lo único sobre lo que no hemos percibido controversia ha sido el “dónde”, que aparentemente son lo menos importante, o lo menos controversial. A alguien seguramente se le ocurrió el nombre de “cumbre” para una reunión destinada a discutir temas “sociales”. De entrada, todos son temas sociales, porque el hombre mismo es un “ser social” y haga lo que haga con sus “semejantes” tendrá inexorablemente carácter social.Ahí comenzó la disputa. ¿Quiénes “ameritaban” (como solía decir el periodista Carlos Mesa) para participar en esa ya definitivamente denominada Cumbre Social?Eso no quedó muy bien consensuado y por eso ahora resulta que tenemos dos “cumbres” o por lo menos dos reuniones con la misma “agenda” o con el mismo “menú”. Algo por lo menos absurdo, porque ya se presenta la incertidumbre de si están todos los que son, o a la inversa, si son todos los que están. En ese punto la discusión puede volverse bizantina, es decir, tan larga y tan inservible como discutir el sexo de los ángeles o cuántos caben en la cabeza de un alfiler. Porque dicen que por eso se volvió famosa Bizancio.Pero la agenda, en este caso, no corresponde a acciones para que el ya famoso “cambio” sea real y sea beneficioso para Bolivia. No. La agenda es simplemente una lista de lo que “se debe hacer”. De decirlo a realmente hacerlo hay una distancia tan grande como la que separa Cochabamba de Bizancio.O sea que se estuvo discutiendo (y todavía algunos discuten) sobre un menú, que nadie sabe con certeza corresponde o no a los “platos” que se pueden preparar y mucho menos si alguien efectivamente los va a pedir y se los va a comer.Y podemos seguir dándole juego a la imaginación. Imaginemos que se consensuó una agenda, que se discutió el orden de lo que debe figurar en ese menú. Porque el postre no puede estar adelante ni la entrada al final.Se tendrá un listado de buenas intenciones, como “industrializar”, o “eliminar la pobreza” y asuntos equivalentes sobre la equidad -de géneros y de generaciones- la autonomía de regiones, de etnias, de universidades y de quien sabe de qué otras partes de este ya casi desmenuzado país ,que ya tiene todo eso enunciado y todavía es disfuncional.Porque parece que nadie se opone al “cambio”. Está intrínseco en nuestra misma naturaleza porque la evolución no es sino eso, una sucesión de cambios. El problema está en definir qué debe cambiar y principalmente cómo.Y para justificar el título del comentario, digamos, para terminar, que la visión de los bizantinos como hombres frívolos sobrevive en la expresión «discusión bizantina», en referencia a cualquier disputa apasionada sobre una cuestión intrascendente. Y en Cochabamba, hasta ahora eso es lo único que está “claro”.

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