Para aprender del Japón

Porque no es que de Japón sepamos mucho y más bien nos inundan estereotipos deformantes, como el del turista japonés con su infaltable cámara fotográfica o – peor aún – imágenes residuales pero persistentes de cuando Estados Unidos resolvió llamar a los japoneses “diablos...

Porque no es que de Japón sepamos mucho y más bien nos inundan estereotipos deformantes, como el del turista japonés con su infaltable cámara fotográfica o – peor aún – imágenes residuales pero persistentes de cuando Estados Unidos resolvió llamar a los japoneses “diablos amarillos” y Reader Digest (Selecciones) se solazaba insultándolos cuando estuvieron en guerra. Algo equivalente a ese otro invento de “países del eje del mal”Japón, por supuesto es muchísimo más que eso y, como lo destaca Marcelo Gullo en “La insubordinación fundante”, es la nación que ha logrado salir ¡dos veces! de la subordinación a la cultura occidental y ese es un ejemplo que deberíamos estudiar a conciencia.La primera, que Gullo llama “insubordinación silenciosa”, cuando el estadounidense comodoro Perry (de triste recordación también para los mexicanos) cañones mediante rompió el aislamiento internacional de Japón y lo forzó a abrirse al mercantilismo. Eso hace parte de la “segunda guerra del opio” iniciada y sostenida por Gran Bretaña, con la entusiasta colaboración francesa y estadounidense, para que China NO impidiera el lucrativo negocio del opio, como pretendía, en un arranque de dignidad que fue aplacado a cañonazos.De esa “guerra” que no fue “contra las drogas” sino a favor del consumo de ellas por el pueblo chino, habrá que ocuparse en otra oportunidad, porque es demasiado importante para tocarla solo colateralmente hoy.A donde queremos llegar es al reconocimiento del empeño japonés durante la “Revolución Meiji”, que se inició en 1868, para sacar al Japón de la humillante subordinación a la que había llegado con relación a Gran Bretaña y Estados Unidos. Y cómo, por segunda vez, casi con la misma fórmula, pudo esa nación oriental recuperarse después de haber sido “pulverizada” (no cabe otro término) con las primeras bombas atómicas expresamente fabricadas para eso. (Hiroshima y Nagasaki).Fue la determinante acción del Estado, en ambos casos, la que permitió primero construir y luego re-construir, un Japón industrializado y poderoso que, con toda justicia, puede darnos lecciones de unidad nacional (tiene 3.000 islas y cero separatismos).Y miren cómo pueden ser de interesantes lo que algunos llaman coincidencias o “casualidades” que mañana, precisamente, en Tarija, comienza una Cumbre del Agua y Producción Comunitaria organizada por la Gobernación en lo que parece constituir – dice la prensa – “la primera iniciativa institucional que diferencia la actual gestión de la Gobernación de su antecesora”. Salvando las obvias diferencias que establecen el tiempo y el espacio, es algo que debería tomar modelo de la “Revolución Meiji”.Claro que el presidente Morales, que ha estado, suponemos, empapándose de estas cuestiones históricas con el Japón vendrá también a la cumbre en Tarija y sería interesante que nos hablara un poco de esto.

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