El acuerdo se firmó en Asunción
25 años después, UE y Mercosur firman acuerdo de libre comercio
Más del 90% del comercio bilateral estará libre de imposiciones aduaneras. Los detractores consideran que es un pacto de “autos por vacas” y que perjudicará el medio ambiente, además de perpetuar patrones productivos
La Unión Europea (UE) y el Mercosur firmaron este sábado en la capital paraguaya Asunción un importante acuerdo para crear una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo después de más de 25 años de negociaciones: el nuevo marco representa 30% del PBI mundial y más de 700 millones de consumidores
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, los presidentes de Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay y los cancilleres de los países suramericanos firmantes terminaron la ceremonia de firma con una ovación y una foto grupal en el auditorio del Banco Central de Paraguay.
Von der Leyen afirmó antes de la firma que la UE y el Mercosur eligen "el comercio justo sobre los aranceles". Por su parte, Costa calificó el acuerdo como una "apuesta decidida" frente "al uso del comercio como arma geopolítica" en una clara referencia a Donald Trump.
Más de 90% del comercio bilateral estará libre de imposiciones aduaneras
El mandatario anfitrión, el paraguayo Santiago Peña, elogió que los dos bloques hayan elegido "el camino del diálogo" y "la cooperación". El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva no acudió a la cita en principio por problemas de agenda, ya que ha sido uno de los grandes impulsores del acuerdo definitivo. El protagonismo que han tomado otros presidentes en la recta final, según algunas fuentes, también le ha molestado.
Este tratado UE-Mercosur elimina aranceles a más de 90% del comercio bilateral y favorece las exportaciones de automóviles, maquinaria, vinos y bebidas espirituosas europeas a los miembros del bloque americano. A cambio, facilita la entrada a Europa de carne, azúcar, arroz, miel y soja de Suramérica.
Asimismo, se prevé que las exportaciones de la UE al Mercosur aumenten en 39%, mientras que las exportaciones del Mercosur a la UE aumentarían 17%.
Nada será tan fácil
La firma del acuerdo les era interesante a la Unión Europea por promover su independencia geoestratégica frente a un Donald Trump que ha reiterado en los últimos meses su voluntad de someter América Latina a sus intereses.
Aun así, no está cerrado: Por cuestiones pragmáticas y estratégicas, el acuerdo fue dividido en dos: uno provisional ( iTA,,solo comercial) de más fácil aprobación por el colegio de comisarios; y el definitivo (EMPA, comercial, de cooperación y diálogo político), que tiene aún muchos obstáculos por salvar: la aprobación de cada parlamento de los 27 países europeos, algo que se ve inviable en países más dependientes del agro, como Francia, y con gobiernos conservadores y nacionalistas, como Hungría y Polonia.
Hace 25 años se preveía que Europa colocaría muchos de sus productos industriales, electrodomésticos y vehículos a cambio de comprar alimentos a precios bajos, hoy, con la irrupción de China en el pulso internacional y el crecimiento de la agroindustria en Sudamérica, el mercado es diferente.
Los “perdedores” del acuerdo
Efectivamente, no faltan los informes sobre los impactos nocivos del incremento de áreas dedicadas al gran agronegocio que impactarán en el medioambiente, en la Amazonía, en las comunidades locales y en los precios en los mercados nacionales, que presumiblemente subirán al tener que competir con el mercado de mayor poder adquisitivo del mundo como es Europa. Del otro lado, también se advierte de los efectos de las importaciones desde Sudamérica en los pequeños agricultores europeos.
No faltan tampoco las advertencias de los sindicatos del Mercosur en cuanto a los impactos laborales negativos en su sector industrial. Y menos están ausentes las advertencias sobre la desregulación por la que ha optado la propia Comisión Europea. Esta tendrá su impacto tanto en las relaciones con el Mercosur como con otros socios latinoamericanos, que entretanto irían desde el Río Bravo hasta Patagonia.
El acuerdo UE-Mercosur llega en un momento en que la UE ha ido diluyendo políticas clave de su emblemático Pacto Verde, presentado en 2019 durante una ola de apoyo a la transición ecológica.
Bajo la presión de la derecha y de la industria, la UE ha debilitado o aplazado regulaciones medioambientales con el objetivo de simplificar la política climática y reducir la burocracia para las empresas.
Patrizia Heidegger, secretaria general adjunta del Buró Europeo de Medio Ambiente, la mayor red europea de organizaciones ciudadanas ecologistas, señala que, si bien la UE ha utilizado con éxito el peso de su enorme mercado para fijar estándares globales de sostenibilidad, la poderosa influencia del acuerdo UE-Mercosur podría debilitar aún más esas regulaciones, a medida que las empresas europeas intenten seguir siendo competitivas frente a las sudamericanas.
¿Vacas por autos o algo más?
Los detractores del acuerdo lo consideran un acuerdo que, de nuevo, repetirá patrones de dominación y perpetuará la función extractiva de Sudamérica, mientras la UE seguirá abriendo mercados para sus industrias. Más allá del agro, el principal producto que interesa en América del Sur son las tierras raras, que también interesan a Trump.
Los países del Mercosur confían en que el acuerdo atraiga inversiones en esas áreas clave. Ahí serán los gobiernos de cada país los que deban priorizar los intereses nacionales respecto a los intereses extractivos de los países inversores. La posibilidad de que la UE traslade a Sudamérica los procesos más contaminantes también es una alerta,





